Una mirada a la historia de la economia

Monday, November 13, 2006

Introducción al Socialismo
Socialismo


1- Definición de Socialismo
Socialismo: término que, desde principios del siglo XIX, designa aquellas teorías y acciones políticas que defienden un sistema económico y político basado en la socialización de los sistemas de producción y en el control estatal (parcial o completo) de los sectores económicos, lo que se oponía frontalmente a los principios del capitalismo. Aunque el objetivo final de los socialistas era establecer una sociedad comunista o sin clases, se han centrado cada vez más en reformas sociales realizadas en el seno del capitalismo. A medida que el movimiento evolucionó y creció, el concepto de socialismo fue adquiriendo diversos significados en función del lugar y la época donde arraigara.
Si bien sus inicios se remontan a la época de la Revolución Francesa y los discursos de François Nöel Babeuf, el término comenzó a ser utilizado de forma habitual en la primera mitad del siglo XIX por los intelectuales radicales, que se consideraban los verdaderos herederos de la Ilustración tras comprobar los efectos sociales que trajo consigo la Revolución Industrial. Entre sus primeros teóricos se encontraban el aristócrata francés conde de Saint-Simon, Charles Fourier y el empresario británico y doctrinario utópico Robert Owen. Como otros pensadores, se oponían al capitalismo por razones éticas y prácticas. Según ellos, el capitalismo constituía una injusticia: explotaba a los trabajadores, los degradaba, transformándolos en máquinas o bestias, y permitía a los ricos incrementar sus rentas y fortunas aún más mientras los trabajadores se hundían en la miseria. Mantenían también que el capitalismo era un sistema ineficaz e irracional para desarrollar las fuerzas productivas de la sociedad, que atravesaba crisis cíclicas causadas por periodos de superproducción o escasez de consumo, no proporcionaba trabajo a toda la población (con lo que permitía que los recursos humanos no fueran aprovechados o quedaran infrautilizados) y generaba lujos, en vez de satisfacer necesidades. El socialismo suponía una reacción al extremado valor que el liberalismo concedía a los logros individuales y a los derechos privados, a expensas del bienestar colectivo.
Sin embargo, era también un descendiente directo de los ideales del liberalismo político y económico. Los socialistas compartían con los liberales el compromiso con la idea de progreso y la abolición de los privilegios aristocráticos aunque, a diferencia de ellos, denunciaban al liberalismo por considerarlo una fachada tras la que la avaricia capitalista podía florecer sin obstáculos.
2- El Socialismo Utópico
Denominación utilizada por Carlos Marx y Federico Engels para hacer referencia a los socialistas que en los primeros años del siglo XIX intentaron implantar este sistema por medio de la demostración, a través de diversas experiencias (las empresas de Owen, los falansterios de Fourier, etc.) que hicieran comprender a la sociedad en general, y a la clase dirigente en particular, que la propiedad privada de los medios de producción constituye un obstáculo para el desarrollo económico y social. Los socialistas utópicos circunscriben su actuación al plano político moral. Creian que la sociedad humana alcanzaría un alto grado de perfeccionamiento con el socialismo y que, si esta convicción era transmitida a la clase dirigente, la transformación se podría producir. Marx criticó esta concepción de los socialistas utópicos con el argumento de que el desarrollo capitalista tiene sus propias leyes que lo conducen a su máxima evolución, pero que luego, por sus contradicciones, determinarán su caída y sustitución por el socialismo.
Entre los principales socialistas utópicos hay que citar a Claude Henry de Rouvroy (conde de Sain Simon) y Charles Fourier en Francia y a Robert Owen en Gran Bretaña. Ellos inspiraron a diversas corrientes y pensadores socialistas del siglo XIX: Louis Blanc, Auguste Blanqui y Pierre J. Prodhon en Francia, y en Gran Bretaña, al movimiento cartista, que fue el primero en introducir las ideas de democracia, igualdad y colectivismo en una agrupación de grandes proporciones.
Las obras publicadas por los socialistas utópicos (“El Nuevo Cristianismo” de Saint Simon, “Teoría de los Cuatro Movimientos” de Fourier, “Una Nueva Visión de la Sociedad” de Owen, “¿Qué es la Propiedad?” de Proudhon, etc.) y sus experiencias en el plano práctico no pueden ser consideradas como un fracaso. El cooperativismo de la actualidad es, sin duda, una gran empresa internacional que todavía está en desarrollo y que tiene sus orígenes en el pensamiento y en la acción de los socialistas utópicos.
3- El socialismo científico
Gracias a Karl Marx y a Friedrich Engels, el socialismo adquirió un soporte teórico y práctico a partir de una concepción materialista de la historia. El marxismo sostenía que el capitalismo era el resultado de un proceso histórico caracterizado por un conflicto continuo entre clases sociales opuestas. Al crear una gran clase de trabajadores sin propiedades, el proletariado, el capitalismo estaba sembrando las semillas de su propia muerte, y, con el tiempo, acabaría siendo sustituido por una sociedad comunista.
En 1864 se fundó en Londres la Primera Internacional, asociación que pretendía establecer la unión de todos los obreros del mundo y se fijaba como último fin la conquista del poder político por el proletariado. Sin embargo, las diferencias surgidas entre Marx y Bakunin (defensor del anarquismo y contrario a la centralización jerárquica que Marx propugnaba) provocaron su ruptura. Las teorías marxistas fueron adoptadas por mayoría; así, a finales del siglo XIX, el marxismo se había convertido en la ideología de casi todos los partidos que defendían la emancipación de la clase trabajadora, con la única excepción del movimiento laborista de los países anglosajones, donde nunca logró establecerse, y de diversas organizaciones anarquistas que arraigaron en España e Italia, desde donde se extendieron, a través de sus emigrantes principalmente, hacia Sudamérica. También aparecieron partidos socialistas que fueron ampliando su capa social (en 1879 fue fundado el Partido Socialista Obrero Español). La transformación que experimentó el socialismo al pasar de una doctrina compartida por un reducido número de intelectuales y activistas, a la ideología de los partidos de masas de las clases trabajadoras coincidió con la industrialización europea y la formación de un gran proletariado.
Los socialistas o socialdemócratas (por aquel entonces, los dos términos eran sinónimos) eran miembros de partidos centralizados o de base nacional organizados de forma precaria bajo el estandarte de la Segunda Internacional Socialista que defendían una forma de marxismo popularizada por Engels, August Bebel y Karl Kautsky. De acuerdo con Marx, los socialistas sostenían que las relaciones capitalistas irían eliminando a los pequeños productores hasta que sólo quedasen dos clases antagónicas enfrentadas, los capitalistas y los obreros. Con el tiempo, una grave crisis económica dejaría paso al socialismo y a la propiedad colectiva de los medios de producción. Mientras tanto, los partidos socialistas, aliados con los sindicatos, lucharían por conseguir un programa mínimo de reivindicaciones laborales. Esto quedó plasmado en el manifiesto de la Segunda Internacional Socialista y en el programa del más importante partido socialista de la época, el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD, fundado en 1875). Dicho programa, aprobado en Erfurt en 1890 y redactado por Karl Kautsky y Eduard Bernstein, proporcionaba un resumen de las teorías marxistas de cambio histórico y explotación económica, indicaba el objetivo final (el comunismo), y establecía una lista de exigencias mínimas que podrían aplicarse dentro del sistema capitalista. Estas exigencias incluían importantes reformas políticas, como el sufragio universal y la igualdad de derechos de la mujer, un sistema de protección social (seguridad social, pensiones y asistencia médica universal), la regulación del mercado de trabajo con el fin de introducir la jornada de ocho horas reclamada de forma tradicional por anarquistas y sindicalistas y la plena legalización y reconocimiento de las asociaciones y sindicatos de trabajadores.
Los socialistas creían que todas sus demandas podían realizarse en los países democráticos de forma pacífica, que la violencia revolucionaria podía quizás ser necesaria cuando prevaleciese el despotismo (como en el caso de Rusia) y descartaban su participación en los gobiernos burgueses. La mayoría pensaba que su misión era ir fortaleciendo el movimiento hasta que el futuro derrumbamiento del capitalismo permitiera el establecimiento del socialismo. Algunos —como por ejemplo Rosa Luxemburg— impacientes por esta actitud contemporizadora, abogaron por el recurso de la huelga general de las masas como arma revolucionaria si la situación así lo requería.
El SPD proporcionó a los demás partidos socialistas el principal modelo organizativo e ideológico, aunque su influencia fue menor en la Europa meridional. En Gran Bretaña los poderosos sindicatos intentaron que los liberales asumieran sus demandas antes que formar un partido obrero independiente. Hubo, pues, que esperar hasta 1900 para que se creara el Partido Laborista, que no adoptó un programa socialista dirigido hacia la propiedad colectiva hasta 1918.










Historia del Socialismo
1- Precursores del pensamiento socialista en el siglo XIX
Con la perspectiva del tiempo las lagunas y los errores de la economía política clásica nos parecen bastante evidentes. La teoría malthusiana de la población, del salario y del empleo parecería en la actualidad absurda. La negación de las crisis de sobreproducción y la aceptación de la eventualidad del estancamiento económico nos parecen igualmente inaceptables.
Todos los que no aceptaban considerar como eterna la dominación de la burguesía se opusieron a los economistas. En los primeros años del siglo XIX, se asiste a la aparición, sobre todo en Francia e Inglaterra, de un socialismo naturalista. Se trata del socialismo asociacionista de Fourier y de Owen.
Simultáneamente el conde de Saint-Simon elabora unas opiniones que corresponden a los que puede considerarse como un socialismo tecnocrático. Una tercera corriente del pensamiento premarxista socialista está representada por los autores que adoptan las tesis de los economistas para deducir de ellas conclusiones a la transformación de la sociedad: los principales son Sismondi en Francia, Thompson en Inglaterra y Rodbertus en Alemania. Todos estos autores pueden considerarse como representantes del socialismo premarxista.
El socialismo asociacionista
Desde los tiempos más remotos han existido hombres que intentaron formar pequeños grupos de individuos dispuestos a separarse de la masa de los seres humanos con el fin de llevar una vida mas perfecta.
Este antiguo ideal de vida perfecta en el marco de pequeñas comunidades reaparece a comienzos del siglo XIX, pero entre pensadores que se apartan del cristianismo, en general, y que profesan una concepción estrictamente naturalista del hombre. Los dos principales representantes de este nuevo socialismo son Carlos Fourier en Francia y Roberto Owen en Inglaterra.
Fourier
"los científicos, dice, han descubierto las leyes del movimiento material; ello es hermoso, pero no elimina laä indigencia. Era necesario descubrir las leyes del movimiento social." Se compara a Newton y declara que aporta al mundo una teoría análoga a la de este sabio, pero válida para el mundo moral. Fourier establece en la base de su doctrina una concepción del hombre decididamente naturalista. Afirma que las pasiones del hombre son fundamentalmente buenas, que la ciencia del hombre se basa totalmente en la "teoría de las atracciones y repulsiones pasionales", finalmente que "las leyes de la atracción pasional" son en todo conformes a la atracción material explicada por Newton y Leibnitz.
De conformidad con estos principios, la historia humana no es mas que un aspecto del movimiento universal que se divide en cuatro ramas principales: lo social, lo animal, lo orgánico y lo material. Fourier reconoce la existencia de una sucesión natural de fases distintas de la historia, o el de una evolución social natural. Después de la etapa primitiva, en la que se desconoce la sociedad, se suceden el salvajismo, el patriarcado, la civilización, que es la etapa actual y prepara el tránsito a una nueva etapa, la armonía. Percibe los signos del tránsito a la armonía en los desórdenes provocados por la preponderancia del comercio en el mundo y, sobre todo, del comercio inglés.
El espectáculo de los desórdenes de la revolución ha convencido a Fourier que debe haber en el mundo alguna alteración del orden natural. Es necesario, por lo tanto, que sea posible otro estado social, que permita, finalmente, a todas nuestras tendencias naturales ejercitarse libremente; este estado es la armonía a la que la humanidad está destinada. Se caracterizará por la generalización del "Falansterio" como base de la vida social, consistiendo esta institución en una asociación del trabajo y de la vida formada por un número perfectamente determinado de individuos, hombres y mujeres, que constituyen la "Falange." En él se ejercitará sobre todo el trabajo agrícola, ya que Fourier es enemigo de las ciudades y los grupos masivos. Desde el punto de vista jurídico, el falansterio será una sociedad por acciones, constituida gracias a las aportaciones de sus miembros, que no han de ser necesariamente iguales. Los beneficios irán en un proporción de 4/12 a los que aportan el capital y 5/12 a los trabajadores que carecerán de cualquier otro tipo de remuneración; lo restante estará destinado a remunerar el talento. Por consiguiente existirán en el falansterio clases diferentes, correspondientes a grados diversos de comodidad.
Fourier no propone que se haga una revolución. En virtud de sus tesis fundamentales, el tránsito a la nueva etapa de la historia se realizará necesariamente cuando haya llegado el momento.
Roberto Owen y el movimiento cooperativo
Owen no presenta una teoría de la evolución social. Se interesa en mejorar el carácter del individuo. Asocia estrechamente reforma moral y transformación del sistema económico. Su moral es rigurosamente laica y su irreligiosidad será causa de escándalo en Inglaterra. Llega hasta negar el libre arbitrio; pero precisamente porque piensa que el individuo es producto del medio ambiente, afirma que es susceptible de un inmenso progreso, que debe conducir a la sociedad hacia un estado de perfecta armonía.
Concibe, pues, una activa política de mejoramiento de las condiciones de vida del hombre, sobre todo en el trabajo, fundada en la ciencia de la moral o "etología." El principio esencial de esta ciencia será el de que los hombres encuentran interés en unirse en el trabajo, en cooperar unos con otros.
Comienza la lucha por la reforma social a partir del momento en que encuentra en posesión de autoridad, combate el alcoholismo con éxito y, para sustraer a sus obreros de la explotación de los comerciantes, organiza la venta de artículos de consumo al precio de mayorista. Finalmente conquista la confianza de sus obreros manteniéndoles sus salarios durante un paro de trabajo obligado de cuatro meses, debido al embargo de los Estados Unidos sobre el algodón. Al mismo tiempo se lanza a una campaña para proteger el trabajo de los menores. Aspira a suprimir los desequilibrios entre producción y consumo que se producen en la economía capitalista: para ello, piensa, es necesario modificar radicalmente laä estructura económica, organizar la producción cooperativa sobre la base de la propiedad común de los medios de producción.
Su plan, que debe desembocar en la supresión de la propiedad privada, fuente de egoísmo, prevé un cierto período de tiempo para permitir que los individuos adquieran la mentalidad comunitaria. Owen fue asimismo uno de los promotores de los sindicatos obreros en Inglaterra.
Los socialistas asociacionistas, como Fourier y Owen, ignoran al estado. Una nación, en su perspectiva, debe constituirse de la yuxtaposición de cierto número de falansterios o de cooperativas que se administran por sí mismas. Este socialismo sedujo a muchos. Sin embargo tropieza ante una objeción fundamental. En el mundo moderno, la vida económica descansa sobre la existencia deä relaciones extremadamente complejas entre todos los miembros de una nación, e incluso entre los miembros de naciones diferentes. Debemos reconocer, sin embargo, que sus partidarios han arrojado al mundo un ideal que permanece vivo: el de la gestión de las unidades de producción por los mismos trabajadores.
Saint-Simon
Es autor de la famosa parábola que lleva su nombre en la que Saint-Simon explica que si Francia perdiera en cada ciencia, en cada una de las artes, en cada industria, en cada oficio, los primeros cincuenta, se convertiría en un cuerpo sin alma; mientras que si tuviera la desgracia de perder el mismo día a todos los parientes próximos del rey, a todos los ministros, mariscales y miembros del Consejo de Estado, a todo el alto clero, a todos los prefectos y magistrados, a todos los burócratas y a los diez Mil propietarios mas ricos, este accidente afligiría sin duda a los franceses porque tienen buen corazón, pero ningún mal político se produciría por ello.
El Socialismo de Saint-Simon.
Encontramos, como en Fourier, un socialismo que quiere fundarse en un estudio científico de la historia. Afirma que la historia debe convertirse en una ciencia positiva, una "física social" que permita prever el porvenir. Muestra que la historia en una sucesión de períodos en los que reina cierto orden, y de épocas de crisis, en las que el orden antiguo es destruido, mientras que se prepara un orden nuevo. Después de la Revolución Francesa, comienza un nuevo período, que es el de la industria. En adelante, los fines de la sociedad no son ya la guerra y la conquista, sino la organización del trabajo y la producción.
Saint-Simon inventó el término de industrialismo para designar a su sistema, que quiere distinguir claramente del liberalismo. Su sistema no está dirigido en modo alguno contra los propietarios. Sin embargo pone por encima la obligación del trabajo y su organización.
Quiere organizar el trabajo con el fin de asegurar la mejora moral y física de la clase mas débil. Pero entiende que esta organización económica ha de ser absolutamente distinta de la organización política. Lo que en realidad desea es que la industria se organice por sí misma, al abrigo de las intervenciones necesariamente torpes de los poderes establecidos. Llegará el momento en que la administración de las cosas podrá reemplazar enteramente al gobierno de las personas. Para ello, dice Saint-Simon es necesario confiar el poder a los industriales.
Por otra parte, mantiene el principio de la propiedad privada de los medios de producción o de los capitales. Ahora bien, los industriales y los banqueros, propietarios de los capitales o representantes de estos propietarios, actúan en función de la obtención de beneficios, y no, en absoluto, para servir al interés general. En consecuencia, resulta perfectamente imposible imaginar que puedan asegurar una organización del trabajo y del intercambio conforme al interés general. No se puede servir, a la vez, al capital y a la sociedad.
Los socialistas ricardianos
Se emplea este término para designar a los escritores socialistas que utilizan las tesis fundamentales de la economía política clásica para atacar la doctrina liberal.
Sismondi
Suizo radicado en Francia. Declara: nos encontramos frente a una nueva forma de mercantilismo de la que es necesario desprenderse: la dominación de la clase capitalista dirigida por los comerciantes y los jefes de industria, sobre la clase de los trabajadores.
El salario de los trabajadores, en efecto, nunca sube por encima de lo que necesita el obrero para vivir; ello no representa, sin duda, la consecuencia de una fatalidad absoluta, como creía Malthus, pero no deja de ser un hecho constante. Entre laä remuneración al trabajador y el valor de lo que produce existe, en consecuencia, una diferencia que Sismondi designa como plusvalía; ella es la responsable de la gran desigualdad de las riquezas porque sólo los empresarios se benefician de la misma. Encontramos ya aquí las famosas tesis marxistas de la pauperización del proletariado y la concentración creciente del capital.
Estas crisis obedecen al hecho de que el capitalismo funciona con el objeto de producir no valores de uso, sino valores de cambio: el empresario no se preocupa de si su producto es útil o no a la sociedad, sino solamente de si puede o no venderlo con un beneficio.
Sismondi propone la supresión de los antagonismos de clase permitiendo el acceso de los trabajadores a la propiedad; es uno de los apóstoles de la participación de los trabajadores en las utilidades y del accionariado obrero.
En Gran Bretaña, Hogskin considera que la inutilidad de los propietarios agrarios y de los capitalistas que mantienen a los asalariados en el mas débil nivel de salario y se apoderan de todo el excedente de valor creado por el trabajo. Sostiene la tesis de que los trabajadores deberían recibir el valor íntegro de lo que producen. No se manifiesta sin embargo contrario a la propiedad privada y rechaza la intervención del estado. Corresponde a los sindicatos obreros suprimir la explotación del trabajo por el capital.
Thompson
Considera las rentas agrarias y los beneficios como una fracción del valor robado a los trabajadores. Piensa que el principio utilitario (realizar la mayor felicidad del mayor número posible), siguiendo a Bentham, exige la transferencia de los excedentes de ingresos de los ricos a los individuos mas pobres, que obtendrán con ellos satisfacciones mucho mas importantes. Añade que la redistribución de las rentas en un sentido igualitario engendraría un crecimiento considerable de la producción porque aseguraría a las empresas mercados mas importantes y seguros.
Rodbertus
En Alemania, Rodbertus desarrolla la idea de que las rentas de los propietarios y los capitalistas constituyen una sustracción efectuada sobre el producto del trabajo. Explica las crisis de sobreproducción por la insuficiencia del poder de compra de los trabajadores. Se adhiere al principio de la propiedad colectiva de los medios de producción. Opina que el tránsito a este tipo de propiedad, en lo que se refiere a la tierra y el capital significará el punto de partida de una nueva era en la historia de la humanidad, a la que llama la era "cristiano-social." Sin embargo, no incita a los trabajadores a la revuelta y no cree se pueda prescindir de la monarquía. En su oposición, el socialismo será el fruto de una lenta evolución que puede durar varios siglos.
2- La influencia de Hegel y el historicismo en la economía
El historicismo económico tuvo más éxito y duración en Alemania que en Inglaterra debido al crecimiento de la ilustración alemana, que alcanzó su cumbre con el gran filósofo Kant.
Muchas tendencias de la época fueron un estímulo poderoso para los estudios históricos, culminando con la aparición del historicismo, la reacción alemana a la Ilustración, que se rehusaba a derivar reglas generales a partir de la razón insistiendo en el carácter único e interminable de las variaciones históricas. Durante las últimas décadas del siglo XIX las universidades alemanas disfrutaban de enorme prestigio y atraían estudiantes de todo el mundo. No fue, sin embargo, un movimiento sin peligros, tanto para los alemanes mismos, como para la humanidad. El historicismo no ofreció principios para guiar o restringir la acción. Era hostil tanto a la tradición de la ley natural propuesta por Smith como al utilitarismo. Así finalmente el historicismo degeneraría en una idolatría del poder desnudo. Existió no solamente una ausencia de principios generales sino total desdén por ello, una oposición cínica a cualquiera que apelara a las reglas de humanidad.
La filosofía hegeliana.
Como otros exponentes del historicismo, Hegel consideraba que el estudio de la historia era el enfoque mas adecuado a la ciencia de la sociedad, el que revelaría las tendencias del desarrollo histórico. Pero fue mas lejos en este punto de vista con el positivismo moral de su filosofía del éxito, que enseñaba que todo lo que es real es razonable, y todo lo que es razonable es real. En su filosofía, la historia no sólo ofrece pistas en la comprensión de la sociedad y el cambio social sino que llega a ser glorificada como una corte mundial de justicia.
En la interpretación de Hegel, la historia revela un desdoblamiento progresivo de la libertad y la justicia incorporadas en la nación estado fuerte, representada por la monarquía absoluta de la Prusia de su tiempo, considerada por él como la materialización de la justicia sobre la tierra. El positivismo moral de Hegel haría iguales la fuerza y el derecho y el poder con la moralidad. Como el estado es la realización de la justicia y la libertad, y de la razón igualmente, es solamente como miembro del estado que el individuo tiene un valor moral. Considera la libertad como la sumisión consciente a la autoridad del estado, como obediencia a la autoridad del estado, con cuyo poder y moral coincide. Hegel está cerca de identificar leyes con libertad. Dejó su marca no sólo en los economistas historicistas sino también en Marx.
Los primeros economistas historicistas.
Los tres fundadores el historicismo económico alemán fueron Roscher, Hildebrand y Knies.
Roscher
En su núcleo el historicismo económico enfatiza el elemento programático metodológico, que estaría destinado a llegar a ser un aspecto característico del pensamiento económico alemán. "El método de la ciencia," declara Roscher, "tiene mayor significación con mucho que cualquier descubrimiento singular, sin importar qué tan sorprendente pueda ser este último." Este enfoque marca un agudo contraste con la tradición inglesa, en la que la primacía lógica y cronológica de la substancia sobre el método no fue nunca disputada. Mill incluso enfatizó que los llamados primeros principios de una ciencia son, en verdad, los últimos principios, establecidos no antes sino después de que sus verdades substantivas han sido recopiladas.
El programa de los economistas historicistas era mas fácil de expresar que de ejecutar. Buscaba la reconstrucción de una economía basada en el método histórico. Para Roscher implicaba el establecimiento de leyes del desarrollo económico, derivadas de la investigación de las historia nacionales, prestando atención no sólo a sus aspectos económicos sino legales, políticos y culturales también, siendo todos ellos partes interdependientes de un todo. Su mira era descubrir el secreto de la historia, encontrar su significado, y establecer leyes del desarrollo histórico. Era, en substancia, no mas que una hipótesis cíclica que hacía pasar a las naciones y sus economías a través de períodos de juventud, madurez y decadencia senil.
Hildebrand
Hildebrand fue un crítico histórico del pensamiento económico, condenando tanto los puntos de vista de los clásicos como de los socialistas igualmente. Su postura básica era similar a la de Roscher y su mira era el establecimiento de leyes del desarrollo económico.
Hildebrand nunca estableció con claridad los principios metodológicos que habrían de guiar el enfoque histórico a la economía, ni estuvo tampoco cerca de producir un cuerpo de doctrina que substituyera al de los clásicos. Señalaría la moral, la religión, las costumbres y normas de comportamiento como factores que afectan la conducta económica. Respecto a todos ellos encontraría defectos en la teoría de los clásicos, especialmente de Ricardo, al que encuentra unilateral, incompleto, materialista y cosmopolita. Propone contemplar la realidad histórica y explorarla con la ayuda de la investigación estadística de los hechos. Hildebrand era un creyente del progreso lineal, y consideraba que el movimiento de una a otra etapa era progresivo.
Knies
Como Hildebrand creía en el progreso lineal, y esta era una razón para el rechazo de las leyes de las ciencias sociales apartadas de las ciencias naturales. Considera erróneo basar una economía absoluta en la búsqueda del interés propio. No sólo el progreso moral transforma motivaciones de este tipo, sino que su libre juego descompondría y sería contraria a las tendencias hacia la unidad de Alemania. Mas aun, su reconocimiento, y con él el de las fuerzas reguladores de la competencia y del mercado, volverían inútiles las políticas económicas del estado.
Knies considera que la economía clásica no está equipada para superar la marea creciente del socialismo. La economía clásica y el socialismo comparten prejuicios tales como el punto de vista utilitarista y el énfasis en el trabajo como factor de producción y determinante del valor. Así, lejos de contribuir a derrotar al socialismo, sólo le ayuda en su victoria. La concentración de poder económico y el feudalismo industrial que la competencia irrestricta del modelo clásico traerían solo impulsaría el progreso del socialismo. Nuevamente, aunque Knies produjo una crítica política y metodológica de la teoría económica, dejó de construir una nueva economía.
El punto de vista histórico de la teoría económica significaba que la última era despojada de su carácter absoluto y se le consideraba en su lugar producto de las circunstancias históricas. Los resultados de la teoría tienen el carácter se soluciones históricas; sus leyes generales son sólo una explicación histórica y una progresiva manifestación de la verdad. La teoría se convierte en un fenómeno relativo, limitado en su validez en el tiempo y en el espacio.
Resultados de este trabajo:
Hay que admitir que los historicistas no tuvieron éxito en su búsqueda de leyes para el desarrollo económico. Quedó a cargo de Marx, que compartía alguna de la influencia bajo la que trabajaron, reasumir la búsqueda de una ley del cambio histórico. Los economistas historicistas anticiparon una fase de su pensamiento al enfatizar la importancia del factor económico en la historia.
Tampoco tuvieron éxito en establecer un método histórico para el estudio de la economía. Los economistas de esta tendencia fueron incansables opositores del socialismo. Bismarck mismo, el Canciller de Hierro, se identificó a sí mismo con la política social antisocialista de los economistas historicistas y lanzó al mismo tiempo un programa de persecución de los socialistas y un programa de seguridad social.
Schmoller
La siguiente generación de economistas historicistas alemanes fue encabezada por Schmoller, que dominó la economía académica en su país. Encabezó el grupo de economistas denominados "socialistas de la silla" o economistas de la cátedra magisterial. Bajo Schmoller la economía historicista se volvió mas hostil a la teoría económica de lo que había sido antes. La joven escuela ahora no simplemente rechazaba el supuesto absolutismo de la teoría sino la teoría misma. Entonces se identificó a la economía con la historia económica, relegando toda teoría para un futuro incierto cuando los estudios de la historia económica estuvieran disponibles en tal abundancia que pudieran derivarse de ellos suficientes conclusiones. El tipo de historia económica de Schmoller y sus discípulos consistía principalmente de descripciones minúsculas orientadas hacia la historia política y especialmente la historia de la administración pública.
Los economistas alemanes, en su negligencia por décadas hacia la teoría económica, produjeron un estado de incultura económica que hizo a este país difícil superar las crisis económicas, caracterizadas por inflación y devaluación, que siguieron a la Primera Guerra Mundial.
3- Marx: la salvación por medio de la revolución
Carlos Marx (1818-1883) hizo poco uso del pensamiento de los socialistas que le precedieron, así como el de sus rivales. Aquellos socialistas que creían que la nueva sociedad surgiría bajo la influencia de la buena voluntad o por consideraciones morales o religiosas fueron descritos por Marx como sentimentalistas o moralistas. A aquellos que consideraban que podría surgir mediante conspiraciones les consideraba locos. A quienes pintaban los detalles de la sociedad por venir pero proponían confiar en medios que a Marx le parecían inadecuados les llamaba utópicos. Tampoco estaba dispuesto, a pesar de su formación alemana, a colocar su confianza en el estado como instrumento de transformación social.
La substancia del pensamiento de marx
Brevemente, la doctrina de Marx, designada como socialismo científico por su amigo Engels era esta: Él, Marx, estaba en posesión de las pistas para explicar el acaecer histórico. La historia no ha sido sino la arena de la lucha de clases. El surgimiento y la caída de las clases eran determinados por factores económicos. Así como la burguesía había derrotado al antiguo régimen feudal, así el proletariado derrotará a la burguesía. Esto se producirá mediante una revolución para acabar con todas las revoluciones e introducirá una sociedad sin clases. En esta sociedad el estado, un instrumento de coerción utilizado por la clase dominante, perderá su función y desaparecerá. La derrota de la burguesía tendrá que venir, puesto que será producida por las fuerzas inexorables de la necesidad histórica. Un movimiento revolucionario de las masas proletarias conscientes de su propia clase tendrá la historia de su parte y ayudará a facilitar la transición hacia la nueva sociedad. En este amplio panorama, la doctrina de Marx no era sino una variante del historicismo alemán, una teoría de etapas o períodos económicos que él invocaba para afirmar, no el carácter peculiar de la economía alemana como lo habían hecho otros economistas historicistas, sino la inevitavilidad del socialismo.
Durante las décadas de los 1840 y 1850 Marx esperó pacientemente a que surgiera la revolución. En aquella época estaba dispuesto a apoyar aún una rebelión de la clase media, en la esperanza de convertirla al proletariado. Pero cuando fueron suprimidas las revoluciones de 1848 y no se presentaron otras, Marx, en un gesto de resignación, se volvió hacia la economía para apoyar su filosofía de la historia y demostrar con la ayuda de estos estudios que la caída del capitalismo era inevitable. Lógica y cronológicamente, las ideas filosóficas e históricas de Marx preceden a su economía, a la que se acercó mas tarde para hacerla la piedra angular de su pensamiento.
Marx era un fanático de visión unilateral que derivaba de una fusión de la filosofía, la historia y la economía un mensaje que persiguió con incansable celo. De una manera ostensible su visión profética del cataclismo del capitalismo y la salvación por medio de la revolución pretendía estar basada en estricta ciencia, de ahí su designación de socialismo científico. Contiene, sin embargo, muchos elementos que desafían su prueba científica y dan a su mensaje un carácter violento interpretado como un drama, como una mitología llena de demonios y héroes, casi una religión.
Los seguidores de Marx negarán tal interpretación, pero el fervor con el que sostienen sus puntos de vista y el celo con el que tratan de apartar cualquier opinión herética son cualidades de los verdaderos creyentes para quienes la verdad no es un proceso evolutivo resultante de nuevos conocimientos y cambios de evidencia sino con la autoridad de un dogma establecido, al que hay que adherirse por la fe y obedecer en una acción leal mas que tratando de probarlo mediante cuestionamientos del pensamiento. El mensaje de Marx contiene tanto una interpretación del mundo como una llamada a la acción. A diferencia de la ciencia, que demanda despego y objetividad, exige un compromiso personal. Dicho mensaje, por el cual los creyentes han tenido la voluntad de morir y de matar, ha venido a incrementar el odio en un mundo de odios entre las clases, odio contra los no creyentes y los disidentes, y odio contra los marxistas.
Las doctrinas de Marx articulaban la insatisfacción de las masas pobres y desheredadas urbanas que habían fluido hacia las nuevas fábricas recién fundadas, equipadas sólo con derechos políticos incipientes, y que sufrían de los desajustes producidos por un industrialismo creciente bajo la regla del laissez faire. La vida de Marx se extiende durante un período que coincide con la expansión de la industrialización a través de toda Europa. El crecimiento del empleo en las fábricas y la urbanización trajeron nuevos problemas con los que el liberalismo apenas podía tratar. Con el tiempo surgió un movimiento laboral que reclamaría su papel como vocero de la nueva clase urbana de trabajadores asalariados. El mensaje de Marx ofrecía un apoyo ideológico a este movimiento.
La vida de marx
Recibió su formación en las universidades alemanas, principalmente en la de Berlín. Aunque temprano en su vida llegó a ser un internacionalista -"los trabajadores no tienen país," declaró en el Manifiesto Comunista, nunca perdió toda traza de su formación alemana. Marx despreciaba a los eslavos de la Europa oriental y sud oriental y sólo al final de su vida reconoció el punto de vista de que algo bueno habría de producirse en Rusia. El apego de Marx al orden y la disciplina, su autoritarismo, su industriosidad y perseverancia, pueden haber sido legado de su país natal. Se añadían a estos una falta de modestia y de moderación, y una autosuficiencia y consideración de propia bondad que no admitían resistencia ni toleraba rivales.
En Berlín cayó bajo el influjo de la filosofía hegeliana. Obtuvo un doctorado en filosofía en la universidad de Jena, con una disertación acerca de las doctrinas de Demócrito y Epicuro. Aún entonces el joven Marx estaba imbuido del espíritu de rebelión contra las autoridades establecidas y los valores aceptados. A diferencia de Hildebrand y Knies, nunca buscó la seguridad relativa de una posición académica. Fue a París, donde mantuvo estrecha asociación con Federico Engels. Fue ahí donde se familiarizó ampliamente con los socialistas franceses. En la década de los 1840 se convirtió de periodista radical en agitador comunista. Si tiempo estaba dividido entre el estudio, la escritura, y la organización del movimiento comunista internacional.
El manifiesto comunista
El más famoso trabajo de Marx y Engels es el Manifiesto Comunista, publicado conjuntamente en 1848 pero escrito fundamentalmente por Marx. Este llamado a la acción política organizada por parte del proletariado contiene las ideas claves del pensamiento de Marx. Tal como escribió Engels en el prefacio a la edición alemana de 1883:
El pensamiento básico que discurre a través del Manifiesto -que la producción económica y la estructura de la sociedad de cada época histórica necesariamente resultantes de ellas constituyen las bases para la historia política e intelectual de esa época; que consecuentemente toda la historia ha sido una historia de lucha de clases, de conflictos entre los explotados y los explotadores, entre clases dominantes y dominadas en las varias etapas del desarrollo social; que esta lucha, sin embargo, ha llegado a una etapa en que la clase explotada y oprimida (el proletariado) no puede por sí misma emanciparse de la clase que explota y oprime (la burguesía), sin al mismo tiempo liberar para siempre a la sociedad total de la explotación, la opresión y las luchas entre las clases - lo básico de este pensamiento pertenece sola y exclusivamente a Marx.
Lo que probablemente el lector moderno de este documento encuentre mas sorprendente es el reconocimiento de Marx de los logros de la revolución burguesa:
La burguesía, durante su dominio de escasamente cien años, ha creado fuerzas productivas mas masivas y colosales que todas las anteriores generaciones juntas. La sumisión al hombre de las fuerzas de la naturaleza, la maquinaria, la aplicación de la química a la industria y la agricultura, la navegación a vapor, ferrocarriles, telégrafo eléctrico, la adecuación de continentes enteros para la agricultura, la canalización de los ríos, poblaciones enteras surgidas de la nada - ¿qué siglo anterior ha tenido siquiera el presentimiento de que podrían conjurarse tales fuerzas productivas en el regazo del trabajo social?
Marx pasa entonces a describir las fuerzas que minan el capitalismo moderno, que tiene medios de producción gigantescos pero que no puede ya controlarlos y se encuentra a sí mismo expuesto a la amenaza recurrente de la sobreproducción y las crisis periódicas. Las relaciones de propiedad sobre las que está basada la sociedad burguesa se han convertido en cadenas que restringen las fuerzas de la producción y que el proletariado debe romper. Marx enlista luego un buen número de medidas intermedias destinadas a revolucionar las maneras de producir en los países mas adelantados. Algunas de ellas - la abolición de la propiedad privada de la tierra y la extensión de las industrias nacionalizadas - serían todavía consideradas como radicales hoy en día, pero otras - un pesado impuesto sobre la renta progresivo, la educación gratuita para todos, y la centralización del crédito y los medios de comunicación y transporte en manos del estado - tienen hoy las implicaciones revolucionarias que tuvieron en su día.
Las internacionales
El Manifiesto Comunista concluye con las palabras, "¡Trabajadores de todos los países, uníos!" y durante un lapso de unas diez y seis años condujo al movimiento comunista con su secuencia de Internacionales. Aunque fuertes a veces, al final todas ellas se hundieron - la Primera (1864-76) a consecuencia de desavenencias con los anarquistas; la Segunda (1889-1914) porque la Primera Guerra Mundial mostró que las lealtades nacionales eran mas fuertes que los alegatos de clase; la Tercera (1919-1943) porque después de que el precedente sentado por la Revolución Rusa había dejado de ser emulado en otro lado, los soviéticos disolvieron el Comintern como un gesto hacia sus aliados en la guerra. Después de las guerras mundiales la fuerza del comunismo como movimiento internacional se vio disminuida por el surgimiento de grupos fraccionarios - los seguidores de Trotsky fundaron la Cuarta Internacional en 1938 - así como, en el oeste, apareció el socialismo no comunista. Después de la Segunda Guerra Mundial, el crecimiento de la diversidad nacional entre los regímenes comunistas recién establecidos frustró el surgimiento de un movimiento comunista monolítico de dimensiones mundiales, al producirse los desacuerdos entre China y la Unión Soviética. Mientras que el occidente se acercaba al socialismo democrático, la marcha del comunismo se dirigió hacia el este: de Londres, donde Marx fundó la Primera Internacional, hacia Alemania, país del mas fuerte componente de la Segunda, después a la Unión Soviética, la fuerza rectora tras la Tercera, y al final en China.
Así, aunque el mensaje de Marx quiso dirigirse a los trabajadores del mundo, sólo fue recibido en los países en los que condiciones de atraso económico y ausencia de una tradición democrática había mantenido a las masas en la pobreza, la ignorancia y la sumisión. Ningún país libre y económicamente avanzado se ha vuelto nunca comunista por su propia voluntad y sin intervención extranjera. Según el oeste se fue consolidando libre y próspero, se emancipó a sí mismo del atractivo de Marx, por mas fuerte que este fue durante el siglo XIX. El atractivo de Marx se evaporó con la extensión del sufragio, la transformación del gobierno del laissez faire en el estado de la seguridad social, crecientes niveles de vida, mayor estabilidad económica, y la gradual nivelación de las distinciones de clase. Fue fuerte en el oeste donde estas condiciones estaban ausentes, y es todavía fuerte en países en vías de desarrollo, estableciendo una división, no como Marx la pensó, entre individuos ricos y pobres sino entre naciones pobres y ricas.
El capital
El aspecto económico del pensamiento de Marx fue desarrollada mas a fondo en El Capital, al que Marx subtituló Una Crítica de la Economía Política, publicado en 1867. En esta obra, la economía inglesa clásica se une a la filosofía alemana y al socialismo francés como la tercera influencia en su trabajo.
Marx y Hegel
Los puntos de vista de Marx acerca de la filosofía y la historia jamás recibieron el tratamiento sistemático que dedicó a su economía en El Capital. Como Hegel, Marx afirmaba haber descubierto el secreto de la historia, pero a diferencia del último, que consideraba a la historia como un desdoblamiento del espíritu, manifestándose a sí mismo en el surgimiento de las naciones y sus luchas, Marx interpretaba la experiencia pretérita de la humanidad como una lucha entre las clases. Para Hegel, las guerras entre las naciones llevaron a cabo lo que la necesidad histórica ordenaba; Para Marx, esta función era servida por la lucha entre las clases. Para Hegel, la monarquía Prusiana habría de traer la total satisfacción en la búsqueda del hombre de la libertad y la justicia, mientras que en el pensamiento de Marx esta tarea viene a recaer sobre el proletariado. La libertad, de hecho, fue interpretada por Marx en el sentido hegeliano de una sumisión consciente y voluntaria a la necesidad. En el pensamiento de Marx, así como en el de Hegel, la fuerza y la moralidad, el poder y el derecho, se integran. Para Marx, los preceptos prevalecientes de moralidad no eran sino prejuicios burgueses, y la religión el opio de las masas para mantenerlas sometidas.
Tal era la visión del mundo de Marx, una interpretación no basada en la ciencia conduciéndose así a sí misma a la prueba empírica pero derivada de especulaciones que desafían su prueba científica. Las especulaciones, sin embargo, se convirtieron en las bases para las predicciones, y estas, por supuesto, pueden ser probadas por la experiencia.
Muchas de las predicciones de Marx eran de la variedad autosuficiente - tenían una posibilidad de ser verdaderas si suficientes personas creyeran en ellas. Si suficientes trabajadores pueden ser convencidos de que son miembros de la clase oprimida, que sus opresores son los capitalistas, y que su salvación históricamente ordenada puede sólo venir del derrocamiento de un orden en el que la propiedad es mantenida privadamente, de hecho pueden provocar tal derrocamiento. De hecho Marx consideraba este mensaje como una fusión del pensamiento y la acción, de la teoría y la práctica. La teoría era ostensiblemente una elucubración acerca de la necesidad histórica, pero en realidad era una profecía; la práctica consistía en las actividades revolucionarias destinadas a volver realidad la profecía. Como Marx expresó en su famoso pasajes de su Tesis sobre Feurbach: "Los filósofos sólo han interpretado al mundo, de varios modos; el punto, sin embargo, es cambiarlo.
Para dar al cambio progresivo la apariencia de inexorabilidad, Marx adaptó otra idea de Hegel para su propio uso, la dialéctica de la lógica paradójica. En la dialéctica hegeliana la lucha entre los elementos opuestos y contradictorios es considerada como la fuerza tras el cambio progresivo y el desarrollo evolucionario. Estos elementos pueden en ocasiones llegar a estar unidos pero en la tensión resultante de esa unión serán disueltos eventualmente, surgiendo victoriosa una de las fuerzas. La dialéctica de Hegel es a menudo interpretada, como lo hizo Engels, en términos de una terna consistente de tesis, su negación o antítesis, y la negación de la negación o síntesis.
Para Marx, la historia está en verdad llena de procesos dialécticos inexorables que sirven como instrumentos del progreso. Así la propiedad privada individual, basada en el trabajo del propietario, era negada por la propiedad privada capitalista, el resultado del modo capitalista de producción, y se convertiría en propiedad comunitaria, la negación de la negación. La lucha de clases en sí misma es un movimiento dialéctico en el cual las clases gobernantes sucesivas son reemplazadas por las clases que dominaron, un proceso que habrá de culminar en una sociedad sin clases. La clase gobernante misma engendra las fuerzas de su propia destrucción: así la burguesía produjo a sus propios enterradores al sentar el escena para el surgimiento del proletariado, educando a sus miembros políticamente y de otras maneras, armándolas en la lucha contra burguesías extranjeras, y colocándolas en grandes fábricas en las que pueden unirse en la acción colectiva. Engels fue mas lejos que Marx y encontró en el proceso dialéctico en la esencia de la naturaleza. Fue esta consideración que hizo que Marx desarrollara el concepto de conciencia de clase e invocara un movimiento masivo de un proletariado con conciencia de clase.
La interpretación económica de la historia
Marx no fue un seguidor ciego de Hegel y difirió de él especialmente en su énfasis sobre el factor económico en la historia. Escribió:
En la producción social de los medios de subsistencia los hombres entran en relaciones definidas necesarias que son independientes de su voluntad, relaciones productivas que corresponden a etapas definidas de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El agregado de estas relaciones productivas constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que surge una superestructura jurídica y política, y a la cual corresponden formas definidas de conciencia social. El modo de producción de los medios materiales de subsistencia condiciona el proceso total de la vida social, política, e intelectual. No es la conciencia del hombre la que determina su existencia, sino, por el contrario, es su existencia social la que determina este estado de conciencia.
Marx pasa luego a explicar, y esto trae la dialéctica dentro de la concepción materialista de la historia, como se produce el conflicto entre las fuerzas productivas de la sociedad y las relaciones de producción existentes. Según se desarrollan las fuerzas productivas, estas relaciones llegan a convertirse en cadenas que habrá que romper eventualmente bajo la revolución.
La interpretación económica de la historia por Marx está así cimentada en la aguda distinción entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales construidas a partir de ellas. Las primeras, que Marx describe como el modo de producción de los medios materiales de subsistencia, generan o determinan las relaciones sociales, esto es, el contenido político y cultural de la superestructura, sus leyes y su política, y su vida intelectual, moral, religiosa y artística.
Marx y Engels consideran la interpretación económica de la historia como una verdad simple y fundamental acerca de la cual no puede existir una diversidad de opinión. Sin embargo, ellos nunca hacen un esfuerzo para elaborar mas ampliamente sobre la idea clave, la distinción entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales. Marx da un indicio de interpretación de las fuerzas productivas en términos tecnológicos: el molino de mano, dice, dio surgimiento a la sociedad con el señor feudal; el molino de vapor, a la sociedad del capitalista industrial.
Las clases
Marx mostró una limitación aún mayor cuando se trató de definir uno de los conceptos centrales de su doctrina, la clase. La palabra recurre en innumerables páginas de las obras de Marx, pero lo que quiere decir permanece a lo mas como una conjetura.
Marx presumiblemente no identificó una clase en términos de los ingresos - salarios, rentas, o utilidades - de sus miembros, como lo habría hecho Ricardo, sino en términos de la posición de sus miembros en el proceso de producción. Para Marx, la distinción fundamental en la sociedad de su tiempo era la división entre trabajadores y medios de producción o, en términos de propiedad, entre aquellos no equipados con la propiedad de los activos productivos aparte de su fuerza de trabajo y los propietarios del capital.
Marx estaba consciente de que el esquema de dos clases no era adecuado para los agricultores y, por supuesto, la clase media, a la que contemplaba formada principalmente de pequeños artesanos -designada posteriormente como la antigua clase media - mas que por oficinistas - la nueva clase media.
Su punto era mas bien que existen fuerzas en el sistema económico que producirán una polarización creciente en la sociedad y eventualmente la dividirán en dos clases, con la clase media hundiéndose o alineándose del lado del proletariado.
Sin embargo, para Marx una clase era algo mas que una aglomeración de personas que viven bajo las mismas condiciones objetivas. Para desempeñar su papel en la historia, sus miembros tienen que llegar a estar conscientes subjetivamente de estas condiciones, esto es, en el caso del proletariado, adquirir una conciencia de clase que le provoque a levantarse en contra de tan insostenibles condiciones. Marx intenta despertar el espíritu de clase por medio de la propaganda y la organización para acelerar la revolución proletaria.
Ni la burguesía ni el proletariado se han desarrollado en un monolito homogéneo. En lugar de ello, la mayor diferenciación dentro de las clases y una creciente movilidad social han convertido a la sociedad en un continuo de grupos finamente graduados. Es especialmente el surgimiento de la nueva clase media de oficinistas y trabajadores de servicios, supervisores, administradores y técnicos que han evidenciado la falsedad de las predicciones de Marx. El no contempló el surgimiento de esta clase ni la emergencia del fascismo, al cual bajo ciertas circunstancias esta clase le hubiera prestado su apoyo. Como profeta mostró estar particularmente equivocado cuando esperaba que el proletariado industrial se levantara contra la burguesía. En lugar de levantarse contra ella, los miembros del proletariado han preferido elevarse hacia la burguesía o dentro de la grandemente expandida clase media.
Sin embargo, donde han sido escasas las oportunidades de este tipo como ocurre particularmente en las sociedades preindustriales de los países en vías de desarrollo, persisten agudas divisiones de clases entre una capa delgada de personas ricas y grandes masas de pobres, siendo la clase media demasiado frágil para servir de puente entre las dos. Cuando el pobre no tiene oportunidad de emular al rico tiende a combatirlo, y el conflicto resultante se verá exacerbado si el pobre hace responsable de su situación a la influencia extranjera. Es por estas razones que en los países en vías de desarrollo se ha encontrado una respuesta mas rápida al mensaje de Marx que en las sociedades industriales de Europa occidental y Norte América.
Las clases, así enseñó Marx, desaparecerían en la sociedad comunista, puesto que la abolición de la propiedad privada de los instrumentos de producción pondría fin a las divisiones de clase. Este punto de vista desdeña el hecho de que ninguna sociedad industrial puede funcionar a menos que use administradores - personas que supervisan la actuación de los trabajadores en el puesto, organizan su trabajo, contratan y despiden, obtienen materias primas y disponen de los productos terminados, hacen arreglos financieros, y, en ausencia de mercados, asumen la dirección de la producción. Los miembros de esta clase es natural que disfruten de un status distinto de los subordinados; estos en cambio continuarán sin embargo realizando la misma clase de operaciones independientemente de si la planta es la propiedad de unos accionistas anónimos o de una comunidad igualmente anónima. En la Unión Soviética, que sin embargo hasta ahora no se considera a sí misma totalmente comunista sino profesa estar en una etapa trancisional llamada socialismo, los ingresos de la clase administradora son mucho mayores que los de los trabajadores, y entre la clase trabajadora misma existen diferencias importantes en la retribución.
El estado
Puesto que Marx consideraba al estado como un instrumento de coerción empleado por la clase dirigente, enseñaba que en una sociedad sin clases perdería su función y desaparecería. De hecho, sin embargo, en pocas sociedades conocidas al hombre el estado ha ejercido una fuerza mas brutal que en aquellos que afirman estar en marcha hacia el comunismo. El derecho universal al voto ha hecho imposible describir a la burguesía como una clase dominante que dirige el estado. Existen partidos laboristas y gobiernos laboristas en Europa y, en los Estados Unidos, la influencia política del trabajo organizado y de los empleados en general ha sido lo suficientemente fuerte para poner en existencia un cuerpo de legislación para el beneficio y la protección de los trabajadores, fortalecer su posición en las relaciones industriales, y proporcionándoles la seguridad social. La Economía de Marx
Las varias partes que forman la estructura del pensamiento de Marx - las teorías del valor, del valor de la plusvalía y la explotación, de la decreciente tasa de utilidad, de la concentración creciente, del ejército industrial de reserva, y de la creciente miseria del proletariado, constituyen un todo integrado.
Mantuvo Marx que con la emancipación de la burguesía y la mayor intensidad de la lucha de clases, la economía renunció a la búsqueda de la verdad y perdió su carácter científico. En lugar de ello se colocó al servicio de los intereses de la burguesía.
La teoría del valor trabajo.
Llamando la atención hacia el enfoque de Aristóteles al problema del valor, Marx considera el valor en cambio de los bienes como algo mas que una mera relación de un Bien A y otros bienes B. En lugar de ello considera a los bienes como iguales en valor porque ambos incorporan cantidades iguales de una substancia común, llamada por Marx trabajo abstracto. Aristóteles, sostiene Marx, careció de este punto de vista porque la sociedad griega estaba basada en la esclavitud y por tanto era difícil que reconociera la igualdad y equivalencia de diferentes cantidades de trabajo humano.
Si, como sostiene Marx, los bienes se intercambian en la misma proporción en la que incorporan trabajo humano, un artículo producido por un trabajador lento tendría mas valor que otro producido por uno mas eficiente. Para resolver esta dificultad, Marx emplea el término "tiempo de trabajo socialmente necesario," que es el promedio de diversos grados de eficiencia y también niega valor alguno para artículos resultado de una producción mal dirigida para la que no existe demanda.
Marx hace una aguda distinción entre el trabajo, el constituyente del valor de los bienes, y la fuerza de trabajo, lo que el trabajador vende en el mercado y cuyo valor, a su vez, se define como la subsistencia para el mantenimiento y la reproducción del trabajador. Los salarios no pagan al trabajador el valor total de su producto sino típicamente el inferior valor de su subsistencia. Su trabajo puede incorporar diez horas de trabajo; su subsistencia sólo cinco. La diferencia entre el salario y el valor del producto es denominado por Marx como "plusvalía," la única fuente de la utilidad o el interés o la renta.
Marx divide el capital que la empresa utiliza en una parte variable y otra constante. el capital variable (v) está formado por los salarios, el constante (c) por la planta, la maquinaria y las materias primas. El capital constante simplemente reproduce su valor en el proceso productivo - en el caso de la planta y la maquinaria, simplemente devenga su adecuada cuota de depreciación. Sólo el capital variable, que se destina al pago de salarios, rinde un valor adicional o plusvalía.
El análisis marxista se lleva a cabo con el empleo de tres razones, c/v, o la composición orgánica del capital, s/v, o la tasa de explotación, y s/v+c, o la tasa de utilidad.
La maldición de las utilidades
Como lo hicieron Smith y Ricardo antes que él, Marx sostiene que la tasa de utilidad tiende a declinar a través del tiempo. Cada uno de ellos llega a esta conclusión por diferentes razones. Para Smith el factor decisivo era que el crecimiento del capital estaría acompañado de una competencia creciente entre los capitalistas, tanto para la venta de los productos como para la contratación de la mano de obra. Para Ricardo era el incremento de los salarios en dinero, que reflejaba el crecimiento de los precios de los bienes en salarios, lo que reduciría las utilidades. Marx, por otra parte, adscribe la tendencia a caer de la tasa de utilidad a una creciente composición orgánica del capital. Sólo el capital variable genera plusvalía, y es de esta plusvalía de la que se derivan las utilidades. Según el capital variable va combinándose con el capital constante en proporciones cada vez menores, la tasa de utilidad debe caer, a menos que la tasa de explotación suba lo suficientemente rápido para eliminar la declinación relativa del capital variable. Para cancelar la tendencia a caer de la tasa de utilidad, debe aumentarse la tasa de explotación en la misma proporción en que hay una disminución relativa del capital variable. Aunque Marx prestó atención a los factores que causan un crecimiento en la tasa de explotación - mas horas de trabajo, empleo de las mujeres y menores, creciente productividad de la mano de obra, etc. - no considera que tengan el poder suficiente para eliminar el impacto de una composición orgánica creciente del capital sobre la tasa de utilidad.
La concentración del capital
Lado a lado con la tendencia a la declinación de la tasa de utilidad Marx encuentra una tendencia del capital a concentrarse altamente en manos de las grandes empresas. Marx adscribe esta tendencia a la concentración a la competencia, a las economías de escala, a las restricciones para la entrada de nuevas empresas, y al sistema crediticio. En la batalla de la competencia los productores tratan de reducir los precios. Tratan de reducir sus costos con la ayuda de una creciente productividad de la mano de obra, y esta última, refleja la escala de las operaciones. Por tanto, concluye Marx, "el capital mas grande derrota al mas pequeño,; y en otro contexto escribe: "Un capitalista siempre mata muchos otros." Mas aún, es difícil entrar en líneas de actividades productivas que requieran de grandes inversiones de capital.
Además, existe el sistema de crédito, que saca fondos de una multitud de fuentes aisladas y los pone en manos de capitalistas individuales o asociados.
Todas estas fuerza, según Marx, son responsables de la constante disminución en el número de los magnates del capital y el surgimiento de los monopolios.
Mientras la burguesía es puesta a la defensiva por la caída de la tasa de utilidad y el crecimiento de la concentración, la clase trabajadora es mantenida con salarios de subsistencia y expuesta a una miseria creciente.
La creciente miseria del proletariado
La tradición clásica ha relacionado la persistencia de los salarios de subsistencia con la doctrina Malthusiana de la población. Lasalle, siguiendo a Ricardo, liga el tamaño de la población a los salarios y con la ayuda de la ley de bronce de los salarios trata de demostrar que los salarios oscilan alrededor del nivel de subsistencia. Marx, por otro lado, expresa su desacuerdo con la doctrina de Malthus. Su punto de vista era que una población excesiva no es producto de falta de subsistencias sino pro falta de demanda de mano de obra, y a esta población excesiva le llama "ejército industrial de reserva."
La conclusión de todas estas tendencias producían en Marx una visión de miseria creciente del proletariado. La substancia de esta depauperación lo describe Marx en varias formulaciones, una apuntando hacia una disminución{ absoluta de los salarios, otra a una declinación relativa, y una tercera que enfatiza el deterioro de la calidad de vida del trabajador.
La limitación de los nacimientos, sostiene Marx, agravará los males del capitalismo mas que aliviarlos. Al reducir la oferta de mano de obra, serán responsables de un aumento temporal en los salarios, pero este a su vez aceleraría el uso de maquinaria y eventualmente aumentará las filas del ejército de desempleados.
Crítica de la economía de Marx
Una critica de la economía de Marx debe empezar con la teoría del valor trabajo, una herramienta analítica poco adecuada para una economía multifactorial. Marx reconocería que la productividad del trabajo se eleva cuando se combina con grandes cantidades de capital, pero se rehusaba a considerar productivo al capital. En sus escritos la teoría del valor trabajo asume el carácter de una ideología destinada a levantar a la clase trabajadora en la acción política.
La ley de la tasa de utilidad decreciente de Marx está basada en su punto de vista de que las utilidades fluyen exclusivamente de la plusvalía resultante del empleo de la mano de obra. Este punto de vista es afirmado y derivado de definiciones pero no es demostrado de manera que convenza a aquellos no dispuestos a aceptar la opinión de que todo ingreso que no es producto del trabajo produce explotación. Mas aún, Marx llega a esta ley de la tasa de utilidad decreciente con ayuda de un procedimiento cuya legitimidad deja serias dudas. Reúne un número de factores y de ellos deriva una ley, seleccionando, sin embargo, sólo aquellos factores que apoyan la ley postulada, mientras que los que la niega son dejados de lado caracterizados como tendencias opuestas.
Respecto a la ley de la concentración de Marx, se considera a veces verificada por el advenimiento de grandes negocios. Sin embargo, Marx deja de reconocer que la gran empresa, al facilitar la concentración del control, ha sido al mismo tiempo instrumental en la difusión de la propiedad entre muchos pequeños capitalistas.
El proletariado no ha sido expuesto a una miseria creciente, como quiera que esta se defina; en lugar de ello, la riqueza y el placer se han extendido a todas las clases de la sociedad en la Europa Occidental y Norte América.
El mensaje de Marx implicaba el levantamiento del proletariado y la revolución, pero tuvo sus efectos también entre la burguesía e introdujo así concesiones y reformas que apartaron el riesgo de revolución. Marx no está dentro de los arquitectos del mundo moderno de la abundancia y el cambio económico, pero su amenaza de demolerlo puso a trabajar a dichos arquitectos. La fuerza de Marx radica en su crítica destructiva, no en sus ideas constructivas.
4- El socialismo después de Marx
Las principales variantes del pensamiento socialista desde 1880 pueden clasificarse bajo los rubros de Revisionismo alemán, Sindicalismo francés, Marxismo soviético, y Fabianismo británico, existen algunas variantes menores conocidas como Austro y Neo Marxismo.
El pensamiento socialista tendió a institucionalizarse según sus exponentes se conectaron con los diversos partidos socialistas que surgieron en todo el mundo. Como regla general reflejan los intereses de estas organizaciones, las que estaban mas profundamente afectadas por cuestiones de táctica política que por especulaciones económicas. Mas aún, aquellos que se profesan como seguidores ortodoxos de Marx se involucrarán en tales especulaciones sólo con considerable resistencia puesto que en su opinión Marx tuvo la última palabra sobre la economía del capitalismo.
A la vuelta del siglo, la influencia de Marx se dejó sentir sobre todo en Alemania, donde sus seguidores fueron muchos e incluyeron a los líderes de los Social Demócratas. Estos vinieron a constituirse en un partido de masas con una representación parlamentaria que al iniciar la Primera Guerra Mundial sobrepasaba a la de cualquier otro partido. El contingente alemán a su vez, desempeñó el papel preponderante en la Segunda Internacional, que ligaba a los movimientos socialistas de varios países hasta que cayó durante la guerra.
La influencia intelectual de Marx fue también fuerte entre los radicales rusos. Después de que El Capital de Marx fue publicado originalmente en alemán, la primera lengua a la que fue traducido fue el idioma ruso. los socialistas rusos formaron parte de la Segunda Internacional, pero a diferencia de sus asociados occidentales tenían que operar en su propio territorio de forma subterránea y por medios de conspiración mas que con la ayuda del voto y los procedimientos parlamentarios.
Marx tuvo poca influencia en Inglaterra, la que nutrió sus aspiraciones socialistas de otras fuentes, e igualmente en los Estados Unidos. Marx mismo sentía que su socialismo revolucionario era poco adecuado para la situación en Inglaterra y en América.
El revisionismo
Veinte años mas tarde, después de posteriores extensiones del sufragio y de la legislación social, y después de repetidas victorias de los partidos socialistas en las urnas, Engels consideró seriamente la inclusión de Alemania y Francia entre los países elegibles para una revolución pacífica mediante el voto y los procedimientos parlamentarios. No fue un accidente que el Revisionismo, un reexamen y enmienda de las doctrinas de Marx, tuviera nacimiento en Alemania, porque en ningún otro lado había tantos seguidores de esas doctrinas.
Bernstein
El líder del revisionismo fue Eduard Bernstein, quien en 1899 publicó un libro traducido mas tarde al inglés bajo del título de Socialismo Evolucionario. Estuvo en contacto con los líderes del Fabianismo y rompió con la ortodoxia marxista. Lo que enseñó fue condenado oficialmente por el partido Social Demócrata alemán. Lo que Bernstein hizo fue explorar "dónde estuvo bien Marx y dónde se equivocó" tarea no fácil. Su obra contiene una visión del socialismo que en sus aspectos esenciales difiere agudamente de la de Marx. En el aspecto filosófico Bernstein se aparte de la dialéctica Hegeliana y en su lugar proclama su creencia en una evolución gradual hacia el socialismo, que se producirá no simplemente por la lucha de los contrarios sino por una conjunción de circunstancias relacionadas. Tratará de realinear las aspiraciones socialistas con la tradición Judeo Cristiana de valores morales, de la que Marx las había divorciado, y lo hizo enfatizando la significación del factor ético, el cual volvería al socialismo en un ideal por el que vale la pena luchar, mas que pintarlo como Marx como una necesidad histórica inevitable. Así llegó a ser el primer socialista en cuestionar, de manera investigadora, la validez de las predicciones de Marx acerca de la concentración, la creciente miseria, creciente intensidad de la lucha de clases, etc. No ignoró el hecho de que el capitalismo, en lugar de encaminarse a su muerte, mostraba una mayor vitalidad y viabilidad de la que Marx estaba dispuesto a concederle, y reunió una rica evidencia demostrando que la clase trabajadora participaba en los beneficios que fluían de la expansión económica. Tenía sus dudas acerca de la significación de la teoría del valor. La teoría del valor trabajo de Marx, sostenía, señalaba sólo un aspecto del asunto, la teoría de la utilidad otro, y ambas no eran incompatibles sino complementarias una con otra, con el concepto de Marx del trabajo socialmente necesario constituyendo el eslabón con la demanda como un determinante del valor. La plusvalía y la explotación eran hechos empíricos demostrados por la existencia de utilidad no devengada; no tenían que ser deducidas de la teoría marxista del valor.
En su política Bernstein llegó a ser el profeta del socialismo democrático, que confiará en el trabajo pacífico de los sindicatos y los partidos socialistas. El estado democrático representativo dará cumplimiento total gradualmente a las aspiraciones socialistas. Contrariamente a las predicciones de Marx, no desaparecería sino que proporcionaría el marco político para la sociedad del futuro. Bernstein rechaza de plano y califica de bárbara una "dictadura del proletariado."
Revisionismo francés
El revisionismo de Bernstein tuvo su contrapartida en el Reformismo francés, que floreció bajo la Tercera República y en 1899 introdujo al primer socialista dentro de un gabinete burgués. El socialismo francés estaba dividido en un buen número de grupos fragmentarios, y entre las influencias que sobre él pesaban se encontraba no sólo Marx sino también la tradición de anarquismo representada por Proudhon. Más aún, el movimiento laborista francés estaba apartado de los partidos parlamentarios socialistas y generó una ideología propia, conocida como sindicalismo, el cual era radical, revolucionario y opuesto al trabajo de los políticos y de las instituciones de una democracia parlamentaria.
El sindicalismo francés, un sindicalismo revolucionario, era de carácter militante, empeñado en la persecución incansable de la lucha de clases y destinado a establecer el control por parte de los trabajadores en las fábricas. Esta lucha era dirigida tanto contra los patrones como contra el estado, y habría de ser llevada a cabo por los sindicatos cuya principal función no era la obtención de ganancias económicas para sus miembros sino socavar el orden político por medio de la acción directa guiada por una minoría consciente. Entre los ejemplos de la llamada acción directa se encontraban el sabotaje, paros, huelgas y, especialmente, la huelga general que podría conducir a la revolución. Como los anarquistas, los sindicalistas rechazaban el gobierno organizado y la influencia del estado.
Sorel
El líder teórico del sindicalismo fue Georges Sorel. Sorel abrazó el culto de la violencia, y como su contemporáneo, Pareto, enfatizó la importancia del factor irracional en la vida social. Contemplaba al hombre como movido por sus emociones y pasiones mas que por la razón, el objeto apropiado de una manipulación por parte de las élites que emplearían la imaginería y los mitos para impulsar a la gente a la acción. El mito preferido de Sorel era la idea de la huelga general, la cual daría al proletariado un sentido de poder y daría vigor a la lucha de clases.
El mundo de voluntarismo y ficción de Sorel no era el mundo de Marx sino el del fascismo, cuyo surgimiento llegaría a ver.
El marxismo soviético
De las adiciones construidas sobre la estructura del pensamiento de Marx después de su muerte, los soviéticos rechazarían algunas y aceptarían otras. Entre las que les parecían adecuadas, se destaca la doctrina del imperialismo. Si el imperialismo implica la expansión política por la fuerza de las armas, los soviéticos llegaron a ser maestros en su práctica, y anexaron, después de 1939, un área con una población de 25 millones, y colocaron a una población de mas de 100 millones bajo el control de regímenes comunistas en la Europa oriental. Los soviéticos intentaron, a pesar de ello, identificar capitalismo con imperialismo
Teorías del imperialismo: Hobson
El elemento crucial de estas teorías es la introducción del término "imperialismo." Hobson, en su obra publicada en 1902, condena las políticas de las potencias europeas de rivalidad imperial y expansión colonial y las relacionaba con factores económicos tales como la búsqueda de establecimientos de población, materias primas, mercados para la exportación, y establecimientos productivos, así como con la teoría del exceso de ahorro. Culpaba a los intereses egoístas de los grupos financieros y comerciales por la persecución de estas políticas y describía sus efectos sobre las poblaciones nativas como "explotación" y "parasitismo."
Los puntos de vista de Hobson han permanecido controvertidos entre los estudiosos competentes de la historia económica del siglo XIX. El factor económico como la fuerza tras la expansión colonial ha recibido una importancia exagerada si se le compara con impulsos como el prestigio nacional, el sentido de misión, y consideraciones de estrategia militar. Como regla general, el comercio no sigue a la bandera; mas frecuentemente la bandera sigue al comercio. Las colonias no han absorbido un número substancial de pobladores europeos ni el comercio colonial ha constituido mas que una fracción pequeña del comercio total de las potencias metropolitanas. El flujo de capital foráneo a las colonias, lejos de ser meramente explotador, ha sido instrumental en la promoción del desarrollo económico factible bajo las condiciones del entorno colonial.
Implícito en la conclusión del punto de vista de Hobson está el aserto de que la única causa de las guerras es el deseo de ganancia económica, lo que no está en línea con la experiencia histórica. No todos los señores de la guerra en la historia han sido conducidos preponderantemente por el deseo de la ganancia económica. Fue el atractivo del poder y el sentido de misión lo que impulsó sus conquistas Pueden haber existido pequeñas conflagraciones que puedan ser interpretadas en términos económicos, pero en lo general los conflictos de esta índole son mas negociables que las premisas que han dividido a las naciones cuando luchan por su independencia o por el mantenimiento de sus valores e instituciones.
Hilferding y Luxemburgo
El análisis e Hobson fue continuado por otros escritores socialistas que interpretaban el imperialismo como la última fase del capitalismo, con la expansión imperial sirviendo como medio tanto para prolongar la vida del capitalismo como asegurar su muerte. El primero de ello fue Hilferding que describía al capital financiero, representado por los bancos, como ejerciendo presión para el establecimiento de inversiones en el extranjero e incitando a los gobiernos a rivalidades imperialistas mientras que en casa promovían la organización de carteles y otras combinaciones monopolísticas entre sus clientes industriales para salvaguardarlos de una competencia irrestricta.
A Hilferding siguió Rosa Luxemburgo quien argumentaba que la economía capitalista carecía de la capacidad para disponer de su producción de bienes en el mercado doméstico y se veía forzada a la expansión hacia el extranjero para alcanzar la realización de la plusvalía perseguida.
Lenin
En su obra, Imperialismo, la Etapa mas Alta del Capitalismo, Lenin pinta la guerra como el resultado de los deseos del capitalista de dividir el mundo para sacar de los países subdesarrollados "superutilidades" con las cuales sobornar a los líderes domésticos y al estrato mas alto de la aristocracia del trabajo y hacerle así acorde con las políticas reformistas. El trabajo de Lenin tuvo vastas y siniestras consecuencias, porque la doctrina del imperialismo, respaldada por el maestro agitador y practicante de la revolución, estaba ahora destinada a ser parte integral del Marxismo Soviético, para ser reiterada una y otra vez como medio para dividir el mundo y reclamar así la devoción de los supuestamente explotados países subdesarrollados. El trabajo de demolición de la civilización occidental, que Marx había iniciado colocando clase contra clase, recibía ahora una nueva dirección al incitar a los países con carencias contra los países ricos.
El pensamiento económico soviético
A tarea que habrían de enfrentar los economistas soviéticos era formidable porque las doctrinas de Marx parecen mas bien un almacén de material incendiario adecuado para la quema del capitalismo que de ladrillos sobre los cuales construir el orden socialista. Lo que complicaba aun mas esta tarea era la suposición de Marx de que el nuevo orden se produciría en una economía altamente desarrollada, bien dotada de capital concentrado en pocas manos y poblada por proletariado industrial alerta. Marx de hecho visualizó la socialización de la economía capitalista como un asunto sencillo comparable con la anterior transformación de la economía feudal en economía capitalista.
En lugar de apoderarse de una estructura industrial plenamente desarrollada, como había previsto Marx, los soviéticos encaraban la tarea de construir una. Los dos problemas clave de los que llegaron a preocuparse crecientemente eran la aceleración del desarrollo económico y la planeación. Marx dijo poco respecto a la planeación, y lo que observó respecto al desarrollo económico lo colocó dentro del contexto de su crítica al capitalismo.
Los soviéticos encontraron el pensamiento de Marx restricciones mas que directivas. Para empezar, tenían que adecuar la teoría del valor trabajo y o bien negar su significación en una economía socialista o tratar de racionalizar la divergencia de su sistema de precios de los valores del trabajo. Existía, además, la interpretación de Marx del interés como no funcional, no devengado, y resultado de la explotación capitalista. La adhesión de los planeadores a este punto de vista provocó que los precios soviéticos reflejaran sólo inadecuadamente el costo del capital. Este introdujo en la economía soviética un elemento que parecería irracional desde el punto de vista occidental, especialmente en vistas de la gran escasez de capital en un país en vías de desarrollo.
El régimen soviético nunca toleró la libertad de pensamiento pero nunca fue tan opresivo como durante el reinado de terror desatado por José Stalin. Las oportunidades para la expresión de un pensamiento económico fueron mas favorables antes y después de Stalin. El pensamiento económico soviético puede quedar dividido en tres fases, la Leninista, la Stalinista, y la post-stalinista.
Bukharin
Nicolai Bukharin pronunció en 1920 el final de la economía política y las relaciones de precios y leyes que existían independientemente de la voluntad de los individuos o grupos. La economía soviética no estaba ya mas regulada por las fuerzas ciegas del mercado y la competencia sino por un plan cuidadosamente llevado a cabo. La revolución, esperaba Bukharin, habría de extenderse hacia el oeste, especialmente Alemania, donde los controles económicos de una época de guerra habían acelerado la tendencia hacia un "capitalismo organizado" que habían puesto en movimiento el capital financiero y los movimientos monopolísticos. Ahí el control y la regulación estatal habían reducido todavía mas el rango del mercado y preparado el campo para una toma del poder por los comunistas.
En Rusia la presión de las condiciones económicas adversas llegó a ser tan fuerte que en 1921, bajo la presión de la Nueva Política Económica, se dio mas campo de acción al sector privado de la economía.
El debate acerca de la industrialización
Al avanzar los años veinte, la principal cuestión en materia de política económica era la expansión del sector de la economía controlado por el estado y, relacionado con ello, el establecimiento industrial. Se produjo un debate entre aquellos radicales que deseaban mantener el carácter preponderantemente agrícola de la economía rusa y aquellos que favorecían una industrialización en gran escala. En este debate ganaron los exponentes de la industrialización, y la construcción de un establecimiento industrial fuerte llegó a ser la meta principal de la política económica soviética. Sin embargo, la opinión respecto a como lograrlo estaba dividida. ¿Habría de proporcionar el desarrollo de la agricultura el estímulo para el crecimiento industrial? ¿El crecimiento debería ser equilibrado o desequilibrado? ¿Qué criterio debería utilizarse en la asignación de recursos limitados a los proyectos de inversión? ¿Cuál era la óptima estructura de tiempo para la inversión, la tecnología óptima, y la relación óptima entre capital y producción? ¿Cómo habría de controlarse la inflación si el país enfrentara una multiplicación del gasto generada por las nuevas inversiones?
El gobierno habría de ocupar las "alturas del mando" de la economía y guiar las fuerzas del mercado. Bukharin propuso asignar prioridad a la regeneración de la economía campesina, cuya prosperidad estimularía el crecimiento industrial. Este punto de vista recibió la oposición de Eugenio Preobrazhensky, quien insistió en que la ausencia de capital importado los medios para la construcción del establecimiento industrial habrían de ser extraídos de los campesinos. Con la ayuda de políticas de precios monopólicas de las empresas industriales del estado y medidas relativas los términos domésticos del comercio se volverían en contra de los campesinos. Si estos recibieran bajos precios por los productos agrícolas y pagaran precios altos por las manufacturas, se transferirían recursos del sector agrícola privado al sector industrial estatal. Estas eran las políticas invocadas por Preobrazhensky para acelerar el desarrollo industrial.
Economía stalinista
La colectivización forzada establecida por Stalin cerró el debate sobre la industrialización. En lugar de expropiar a la masa de los campesinos en una "revolución agraria desde arriba" que provocó el desarraigo de millones y el la cual muchos perecieron. En forma paralela a estos desarrollos empezó en 1928 una serie de planes quinquenales, que pasado el tiempo convirtieron a la Unión Soviética en una potencia industrial. El instrumento de planeación eran los "balances materiales." Bajo este método las autoridades supremas establecerían ciertas metas de producción en términos de cantidades físicas, y los planeadores prepararían presupuestos detallados para los materiales, equipos y mano de obra, balanceando los requerimientos de materia prima, exportaciones, e inventarios terminales con la producción, importaciones, e inventarios iniciales. Puesto que las metas de producción tendían a enfatizar la industria pesada y de municiones mas que de bienes de consumo, los sacrificios así impuestos a los consumidores hicieron posible una alta tasa de inversión, lo suficientemente alta para permitir el desarrollo económico a pesar de muchas ineficacias en la planeación.
Bajo Stalin, las implicaciones políticas se volvieron siniestras y trajeron la extinción no sólo de la teoría económica sino de los economistas mismos así como de los intelectuales. Las víctimas incluyeron a Bukharin, Preobrazhensky, y otros economistas líderes. Durante un período de 25 años nadie escribiría un libro de texto sobre economía general, y en algún momento la enseñanza de la economía en las instituciones superiores cesó por completo.
Las instancias de terror continuaron durante el período de la posguerra. El anterior jefe de la oficina de planeación y autor de una historia sobre la economía de guerra soviética fue ejecutado a pesar de que su trabajo le había valido el premio Stalin dos años antes. Su libro contenía buen número de observaciones sobre la operación de la ley bajo el socialismo.
Pensamiento económico en Europa Oriental
En su lucha por una mayor independencia política de la Unión Soviética, los países comunistas de la Europa Oriental desarrollaron su organización económica separadamente del patrón soviético. Como regla general, se colocó mayor énfasis en el mercado y en la administración individual de las granjas que en la colectivización. El asunto del óptima de bienestar, por ejemplo, llegó a ser el tema de debates vigorosos entre los economistas en Yugoslavia, y se hicieron contribuciones importantes en problemas tales como la tasa de inversión óptima.
El socialismo en los países subdesarrollados
El anticapitalismo de Marx aparece ahora en formas de anticolonialismo, surgiendo una nueva demoniología de intereses económicos extranjeros responsables, mas que una burguesía doméstica, de los males reales o imaginarios que aquejan a estos países.
Las ligas religiosas indígenas, en lugar se ser rechazadas, eran consideradas fuentes importantes de aspiraciones socialistas y destacadas como instrumentos para una integración nacional y regional.
Comunismo chino
Aunque los comunistas chinos se han proclamado a sí mismos como los verdaderos herederos de Marx, su pensamiento se aparta mas aún de Marx que el de los soviéticos. Mas que la confianza en las fuerzas de la historia ha sido una idolatría del poder lo que ha surgido en ambos regímenes, pero ninguno acentúa el voluntarismo tanto como Mao Tse-tung, quien declaró que "el poder político crece del cañón de un fusil." El punto de vista tradicional chino considera al resto del mundo, incluida la Unión Soviética, como poblado por bárbaros. En la china comunista, el ataque contra el imperialismo se ha expandido para incluir variantes "culturales" e "intelectuales," de las cuales las actividades misioneras han sido consideradas como una manifestación importante. La liga con el proletariado fue rota en la china comunista, donde se considera a los trabajadores occidentales como beneficiarios de la explotación capitalista mas que como aliados en una lucha común.
Socialismo británico
Inglaterra llegó a ser de hecho el hogar de un socialismo no marxista que era pragmático y democrático mas que doctrinario y autoritario.
La influencia de Henry George
El impacto decisivo sobre el socialismo británico no fue producido por Marx sino por el reformador social norteamericano Henry George. El observó el surgimiento de poblaciones prósperas en sitios que poco antes habían sido áreas salvajes, una transformación que llenó las arcas de los propietarios de inmuebles, los que aumentarían todavía mas el valor de sus propiedades dejando de mejorar algunos de ellos. Su riqueza había sido producida por la transformación del entorno; por medio de una escasez forzada trataban de enriquecerse aún mas. Todo esto era para George una asquerosa violación de la justicia social, y llegó a considerarlo como el principal problema social de su época.
Como Marx, George parte de la economía Ricardiana para encontrar la base teórica de su doctrina, pero a diferencia de Marx la encuentra en la teoría Ricardiana de la renta mas que en la del valor. Si se pagara renta por el servicio de la tierra, y si la tierra fuera original e indestructible, un impuesto que gravara la renta aportaría a la comunidad lo que es un regalo de Dios mas que el producto de los esfuerzos del propietario. Mas aún, si las rentas suben como consecuencias de los cambios en el entorno, la sociedad, argüía George, tenía el derecho de recuperar el incremento creado por el cambio social mas que por la acción del propietario.
George no se adhirió al concepto de la lucha de clases. No hizo excepción de los ingresos distintos del trabajo que no fueran la renta, y afirmó lo deseable de la competencia. No contemplaba la transferencia a la propiedad comunitaria de los medios de producción, excepto aquellos monopolios naturales como el transporte común y los servicios públicos. No apeló a las fuerzas de la historia sino a la justicia social, el derecho natural, y las enseñanzas de la Cristiandad. Habría de ser esta atracción de George por la religión la que traería una nueva generación de Socialistas Cristianos.
La sociedad fabiana
El paso decisivo para la formación de una clase británica de socialismo democrático fue la fundación de la Sociedad Fabiana, a la que pronto se unió George Bernard Show. El socialismo al que se convirtió encontró su expresión en los Ensayos Fabianos sobre el Socialismo. La principal contribución de Show a la economía socialista fue la expansión del principio de la renta diferencial y su aplicación al capital y la capacidad personal.
Los Webb
La Sociedad Fabiana deriva su nombre de Quintos Fabius Maximus Cunctator, "el demorador", general romano famoso por sus tácticas de demora. La marcha gradual era el lema de la Sociedad Fabiana. Webb expresó su convicción de un desarrollo inevitable hacia el socialismo, el cual, a diferencia de Marx, visualizaba como gradual y experimental, procedente de medios parlamentarios mas que como resultado de un levantamiento abrupto. Webb y su esposa, llegaron a ser maestros en el arte de la ingeniería social y la experimentación económica.
Entre otros efectos el trabajo de Webb transformó a Inglaterra, por la actuación del Partido Laborista, del cual la Sociedad Fabiana era la rama intelectual. Para los Fabianos la tendencia hacia el socialismo era la aproximación a la justicia social por medio de la planeación y el control ejercidos por un gobierno responsable ante el electorado en un sistema democrático. En su programa inicial contemplaban el establecimiento de empresas públicas a nivel municipal, regional, y estatal, que habrían de ser financiadas mediante impuestos sobre las rentas. Al no padecer estas empresas las cargas de las rentas y pago de intereses, podrían ofrecer mejores salarios y condiciones de trabajo que las empresas privadas y poco a poco se iría contratando a los empleados de estas. Lado a lado con esta idea aparece la propuesta de nacionalizar ciertas industrias existentes, principalmente los servicios públicos, transporte comunes, y aquellas bajo el control de monopolios privados. La empresa pública, sostenían, permitirá al desempleado ejercer su derecho al trabajo, que le ha sido negado por la empresa privada.
El gradualismo de los Webb implicó el asignar un creciente número de funciones al gobierno en todos los niveles, con el gobierno nacional asumiendo el papel principal. Propusieron un "estándar nacional mínimo de vida








LOS PRINCIPIOS DEL SOCIALISMO

1- ¿Reforma…
Todos los partidos que se reclaman del socialismo elaboraron, en el momento de su fundación, un programa, a veces llamado declaración de principios. La adhesión al partido implicaba para sus miembros la aceptación de las cláusulas de dicho programa.

Ése fue el caso del Parti ouvrier français (P.O.F.) – Partido obrero francés – cuyo programa, adoptado en el Congreso nacional de Le Havre (17-22 de noviembre de 1880) reproducimos a continuación:

Considerando,
Que la emancipación de la clase productiva es la de todos los seres humanos sin distinción de sexo ni de raza,
Que los productores no pueden ser libres mientras no estén en posesión de los medios de producción (tierras, fábricas, navíos, bancos, créditos, etc.),
Que sólo hay dos formas bajo las cuales los medios de producción pueden pertenecerles:
1. La forma individual que no ha existido jamás al estado de hecho general y que es eliminada cada vez más por el progreso industrial;
2. La forma colectiva cuyos elementos materiales e intelectuales están constituidos por el desarrollo mismo de la sociedad capitalista.

Considerando,
Que esa expropiación colectiva sólo puede salir de la acción revolucionaria de la clase productiva – o proletariado – organizada en partido político distinto;
Que semejante organización debe ser perseguida por todos los medios de que dispone el proletariado, incluido el sufragio universal convertido de instrumento de engaño que ha sido hasta la fecha en instrumento de emancipación;
Los trabajadores franceses, al dar como objetivo a sus esfuerzos la expropiación política y económica de la clase capitalista y la restitución a la colectividad de todos los medios de producción, han decidido, como medio de organización y de lucha, entrar en las elecciones con las reivindicaciones siguientes:

a) Parte política
1. Abolición de todas las leyes sobre la prensa, las reuniones y las asociaciones y sobre todo la ley contra la Asociación internacional de los trabajadores. Supresión de la libreta, esa puesta en cartilla de la clase obrera, y de todos los artículos del Código que establecen la inferioridad de la mujer respecto al hombre.
2. Supresión del presupuesto de los cultos, y restitución a la Nación de los “bienes llamados de manos muertas, muebles e inmuebles, que pertenecen a las corporaciones religiosas” (decreto de la Comuna del 2 de abril de 1871), incluidos todos los anexos industriales y comerciales de esas corporaciones.
3. Supresión de la Deuda pública.
4. Abolición de los ejércitos permanentes y armamento general del pueblo.
5. La comuna dueña de su administración y de su policía.

b) Parte económica
1. Descanso semanal de un día o prohibición legal para los empleadores de hacer trabajar más de seis días sobre siete. Reducción legal de la jornada laboral a ocho horas para los adultos. Prohibición del trabajo de los niños menores de catorce años en los talleres privados, y de catorce a dieciocho años, reducción de la jornada laboral a seis horas.
2. Custodia protectora de los aprendices por las corporaciones obreras.
3. Mínimo legal de los salarios determinado, cada año, según el precio local de los géneros, por una comisión de estadística obrera.
4. Prohibición legal a los patronos de emplear obreros extranjeros a un salario inferior al de los obreros franceses.
5. Igualdad de salario a trabajo igual para los trabajadores de ambos sexos.
6. Instrucción científica y profesional de todos los niños puestos para su mantenimiento a cargo de la sociedad representada por el Estado o la comuna.
7. Puesta a cargo de la sociedad de los ancianos y de los inválidos en el trabajo.
8. Prohibición de toda intromisión de los empleadores en la administración de las cajas obreras de socorros mutuos, de previsión, etc., restituidas a la gestión exclusiva de los obreros.
9. Responsabilidad de los patronos en materia de accidentes, garantizada por un afianzamiento abonado por el empleador en las cajas obreras, y proporcionada al número de obreros empleados y a los peligros que representa la industria.
10. Intervención de los obreros en los reglamentos especiales de los diversos talleres, prohibición del derecho usurpado por los patronos de castigar con cualquier penalidad a los obreros en forma de multa o deducciones del salario (decreto de la Comuna del 27 de abril de 1871).
11. Anulación de todos los contratos que han enajenado la propiedad pública (bancos, ferrocarriles, minas, etc.) y la explotación de todos los talleres del Estado entregada a los obreros que en ellos trabajan.
12. Abolición de todos los impuestos indirectos y transformación de todos los impuestos directos en un impuesto progresivo sobre los ingresos que sobrepasen 3 000 francos. Supresión de la herencia en línea colateral y de toda herencia en línea directa que sobrepase 20 000 francos.

Algunos tomaron desde un principio un camino algo diferente. El Partido socialista uruguayo, por ejemplo, en su Manifiesto de los socialistas, publicado en El Día del 12 de diciembre de 1910, no hizo referencia alguna a un objetivo socialista cualquiera ni condenó siquiera la propiedad privada productiva. Para él, el “enemigo” era la Unión Cívica, llamada en el manifiesto “Unión Católica”, por estar compuesta de “elementos clericales nunca inociosos” a los que “era necesario oponer un contingente considerable a la fuerza que surgía ante nosotros animada de todas las aspiraciones retrógradas y oscurantistas, ansiosa de entenebrecer los horizontes históricos de la nación e impaciente por llevar su ataque legislativo a las conquistas alcanzadas en nuestra vida civil por el espíritu moderno, resuelta a obstaculizar el progreso moral del país intentando desviarlo de su orientación hacia las reformas liberales que queremos ver realizadas y consolidadas cuanto antes.” Tan reformistas resultaron ser los “socialistas” uruguayos que “frente a la gravedad de la hora, los liberales han aceptado constituir con los socialistas la Coalición Democrática”. Además, decidieron, en su manifiesto inicial, pugnar sólo “por los siguientes puntos importantes de [su] programa mínimo”:

En el Parlamento:
1) Separación de la Iglesia y el Estado.
2) Jornada legal de ocho horas.
3) Reglamentación del trabajo de mujeres y niños.
4) Disminución de los impuestos que gravan los artículos de consumo.
5) Protección a los trabajadores del campo.
6) Mayores facilidades para la nacionalización de los extranjeros.
7) Impuesto progresivo sobre el valor de la tierra.
8) Representación proporcional.

En la municipalidad:
1) Saneamiento de los barrios pobres.
2) Construcción de casas para obreros.
3) Higienización rigurosa de las viviendas de inquilinato.
4) Municipalización de los servicios de carácter general.
5) Medidas para evitar la suba arbitraria en el precio de los artículos de primera necesidad: pan, carne, etc.

Otros que, si bien, a semejanza del P.O.F. francés o del P.S. uruguayo, siguieron una práctica reformista, optaron por un programa marcadamente socialista. Tal fue el caso del Partido socialista argentino, el cual adoptó, en su Congreso constituyente de los 28 y 29 de junio de 1896, una Declaración de principios redactada por Juan B. Justo:

El Partido Socialista, representado por sus delegados reunidos en Congreso, afirma:
Que la clase trabajadora es oprimida y explotada por la clase capitalista gobernante.
Que ésta, dueña como es de los medios de producción, y disponiendo de todas las fuerzas del Estado para defender sus privilegios, se apropia la mayor parte de lo que producen los trabajadores y les deja sólo lo que necesitan para poder seguir sirviendo en la producción.
Que por eso, mientras una minoría de parásitos vive en el lujo y la holgazanería, los que trabajan están siempre en la inseguridad y en la escasez, y muy comúnmente en la miseria.
Que en la República Argentina, a pesar de la gran extensión de tierra inexplotada, la apropiación individual de todo el suelo del país ha establecido de lleno las condiciones de la sociedad capitalista.
Que estas condiciones están agravadas por la ineptitud y rapacidad de la clase rica, y por la ignorancia del pueblo.
Que la clase rica, mientras conserve su libertad de acción, no hará sino explotar cada día más a los trabajadores, en lo que la ayudan la aplicación de las máquinas y la concentración de la riqueza.
Que, por consiguiente, o la clase obrera permanece inerte y es cada día más esclavizada, o se levanta para defender desde ya sus intereses inmediatos y preparar su emancipación del yugo capitalista.
Que no sólo la existencia material de la clase trabajadora exige que ella entre en acción, sino también los altos principios de derecho y justicia, incompatibles con el actual orden de cosas.
Que la libertad económica, base de toda otra libertad, no será alcanzada mientras los trabajadores no sean dueños de los medios de producción.
Que la evolución económica determina la formación de organismos de producción y de cambio cada vez más grandes, en que grandes masas de trabajadores se habitúan a la división del trabajo y a la cooperación.
Que así, al mismo tiempo que se aleja para los trabajadores toda posibilidad de propiedad privada de sus medios de trabajo, se forman los elementos materiales y las ideas necesarias para substituir el actual régimen capitalista con una sociedad en que la propiedad de los medios de producción sea colectiva o social, en que cada uno sea dueño del producto de su trabajo, y a la anarquía económica y al bajo egoísmo de la actualidad sucedan una organización científica de la producción y una elevada moral social.
Que esta revolución, resistida por la clase privilegiada, puede ser llevada a cabo por la fuerza del proletariado organizado.
Que mientras la burguesía respete los actuales derechos políticos y los amplíe por medio del sufragio universal, el uso de estos derechos y la organización de resistencia de la clase trabajadora serán los medios de agitación, propaganda y mejoramiento que servirán para preparar esa fuerza.
Por tanto:
El Partido Socialista llama al pueblo trabajador a alistarse a sus filas de partido de clase, y desarrollar sus fuerzas y preparar su emancipación.

El resultado de la orientación reformista tomada por los partidos llamados “socialistas” fue, tal como lo decimos en otra parte, que, con el tiempo, las reformas “inmediatas” tomaron cada vez más importancia en detrimento del “lejano” objetivo del socialismo… hasta tal punto que éste acabó por desaparecer tanto del horizonte de los partidos “social-demócratas” cómo de las conversaciones de los “socialistas”, miembros o simpatizantes de esos partidos. Hoy en día, el reformismo ha dejado de ser una corriente del movimiento socialista para convertirse en una mera alternativa de izquierdas para la gestión política del capitalismo o, dicho de otro modo, en un cómplice y partidario de este último.

2- …o revolución?
Unos pocos partidos socialistas, conscientes del callejón sin salida al que llevaba el reformismo para el movimiento obrero, idearon programas en los que se fijaban el socialismo como único e inmediato objetivo de su actividad. Rechazaron desde un principio toda concesión al capitalismo y al reformismo, considerando que ninguna reforma podía acabar ni con la propiedad privada de los medios de producción – base del capitalismo – ni, lógicamente, con la producción de bienes y servicios en el provecho egoísta y exclusivo de la clase poseedora.
El Socialist Party of Great Britain (S.P.G.B.) – el Partido Socialista de Gran Bretaña –, fundado en 1904, fue uno de esos raros partidos auténticamente socialistas que concibieron una declaración de principios que no incluyera ninguna reforma del capitalismo. La presentamos a continuación:
OBJETIVO
El establecimiento de un sistema de sociedad basado en la propiedad común y el control democrático de los medios e instrumentos de producción y de distribución de las riquezas por y en el interés de la comunidad entera.
DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS
EL PARTIDO SOCIALISTA DE GRAN BRETAÑA AFIRMA
1. Que la sociedad, tal como está constituida en la actualidad, está basada en la posesión de los medios de existencia (es decir, tierra, fábricas, ferrocarriles, etc.) por la clase capitalista o dominante y en el consiguiente sometimiento de la clase trabajadora, gracias a cuyo solo trabajo las riquezas son producidas.
2. Que de ello resulta en la sociedad un antagonismo de intereses que se manifiesta en una lucha de clases entre los que poseen pero no producen y los que producen pero no poseen.
3. Que este antagonismo sólo puede ser abolido por la emancipación de la clase trabajadora del yugo de la clase dominante gracias a la conversión en propiedad común de la sociedad de los medios de producción y de distribución y al control democrático de los mismos por el pueblo entero.
4. Que, puesto que en el orden de la evolución social, la clase trabajadora es la última clase en alcanzar la libertad, la emancipación de la clase trabajadora implicará la emancipación de toda la humanidad, sin distinción de raza ni de sexo.
5. Que esa emancipación debe ser obra de la clase trabajadora misma.
6. Que, puesto que el aparato del gobierno, incluidas la fuerzas armadas de la nación, no existe sino para conservar el monopolio de la clase capitalista sobre las riquezas sustraídas a los trabajadores, la clase trabajadora debe organizarse conciente y políticamente para la conquista de los poderes del gobierno, tanto nacionales como locales, a fin de que ese aparato, incluidas las fuerzas armadas, pueda ser convertido de instrumento de opresión en agente de emancipación y de abolición de los privilegios aristocráticos y plutocráticos.
7. Que puesto que todos los partidos no son más que la expresión de intereses de clase y dado que el interés de la clase trabajadora es diametralmente opuesto a los intereses de todas las secciones de la clase dominante, el partido que se fija como objetivo la emancipación de la clase trabajadora debe ser hostil a cualquier otro partido.

8. El Partido Socialista de Gran Bretaña entra pues en el campo de la acción política, determinado a luchar contra todos los demás partidos políticos, ya pretendan actuar en nombre de los trabajadores, ya sean abiertamente capitalistas, y hace un llamamiento a los miembros de la clase trabajadora de este país para que se unan bajo su bandera a fin de poner rápidamente término al sistema que los despoja de los frutos de su trabajo y a fin de que la pobreza deje lugar al bienestar, el privilegio a la igualdad y la servidumbre a la libertad.
UTOPÍA SOCIALISTA: ¿PROYECTO REALIZABLE O SUEÑO INACCESIBLE?

El término utopía encuentra su origen en una novela de Tomás Moro, un lejano precursor inglés del socialismo. Esa obra, publicada en el año 1518, fue escrita en reacción a la miseria que reinaba en los grandes centros urbanos de Inglaterra entre los campesinos echados de sus tierras por el desarrollo de la gran propiedad agrícola y por los progresos de la naciente industria textil. Describe detalladamente la vida en una isla imaginaria e “idílica” (pero con una organización estrictamente jerarquizada, apoyada en la explotación de los esclavos para las tareas más ingratas) que ignora la existencia de la propiedad privada.

En el transcurso de los siglos que siguieron, numerosos autores se ejercitaron en imaginar “mundos mejores” entre los que Anton Francesco Doni (Mundo cuerdo, mundo loco, 1552), Tomás Campanella (La Ciudad del Sol, 1602), Francis Beacon (La Nueva Atlántida, 1623), James Harrington (La República de Oceana, 1656), Dyonisius de Vairas d’Alais (Historia de los Sevarambos,1677), Morelly (Náufrago de las islas flotantes o Basiliada del célebre Pilpai, 1753), Etienne Cabet (Viaje y aventuras de Lord Carisdall en Icaria, 1840), Edward Bellamy (Cien años más tarde o el año 2000, 1888), William Morris (Noticias de ninguna parte, 1891), Anatole France (La sociedad comunista) no son más que algunos entre tantos otros.

A principios del siglo XIX, algunos pensadores (los franceses Claude-Henri de Saint-Simon [1760-1825], François-Marie-Charles Fourier [1772-1837] y Étienne Cabet [1788-1856], los ingleses William Godwin [1756-1836] y Robert Owen [1771-1859], el alemán Wilhelm Weitling [1808-1871] que, si bien emitían una crítica generalmente acertada del orden social de su tiempo y eran conscientes de que la felicidad de los hombres no se podía alcanzar en una sociedad en la que imperaba una implacable lucha de competencia, fueron llamados posteriormente socialistas utópicos por ser partidarios de la colaboración de clases, pues, por una parte, “no concedían a la lucha de clases sino una importancia secundaria, o, más bien, no creían en ella. Se daban perfectamente cuenta de que varias categorías sociales estaban en presencia – el Babuvismo lo había proclamado en términos precisos – pero no se imaginaban que el proletariado y la burguesía debieran ser, necesariamente, fuerzas antagónicas. Suponían, por el contrario, que estas fuerzas podrían unirse para barrer con los nuevos privilegios o con lo que quedaba de los antiguos, y para preparar una sociedad de fraternidad y de justicia.” (Paul LOUIS, Ideas esenciales del Socialismo, Editorial Luz, Santiago de Chile, 1933, p. 31), y, por otra parte, creían que esa “sociedad de fraternidad y de justicia” se podría alcanzar propagando la “verdad” entre todos los hombres, y haciendo un llamado a la generosidad de ricos filántropos para establecer colonias-modelos organizadas según las reglas “harmónicas” que ellos propugnaban.

Desde luego, varios intentos de colonias “comunistas”, de islas de socialismo en el mar del capitalismo, fueron llevados a cabo a lo largo del siglo XIX en Europa, pero sobre todo en América del Norte, aunque también se realizaron algunas experiencias en América del Sur. Los propios Cabet, Owen y Weitling establecieron colonias en Estados Unidos… pero, tarde o temprano, todos fracasaron, pues, por una parte, decidieron mantenerse tercamente fieles a sus proyectos originales, fomentando peleas sobre los más nimios detalles, y por otra parte, la “experiencia demuestra que allí donde los socialistas han fundado colonias comunistas basadas sobre la producción de los artesanos y de los labradores, la necesidad irresistible de llegar a la propiedad privada de los medios de producción prevalecía, tarde ó temprano, sobre el entusiasmo socialista que había creado la colonia, cuando influencias externas no contribuían á estrechar los lazos de la asociación comunista, por ejemplo, la vida de los colonos en medio de un pueblo hostil, de lengua y religión diferentes.” (Carlos KAUTSKY, La doctrina socialista (Respuesta a la crítica de Ed. Bernstein), Editorial Librería de Francisco Beltrán, Madrid, 1910, p. 113).

Hoy en día, se considera generalmente que una utopía es un sueño ilusorio que no toma en cuenta las presiones de la realidad. Para los que se niegan a ver más allá de sus narices, o para los que tienen un interés en la conservación del orden social actual, cualquier proyecto, susceptible de cuestionar la posición social, los privilegios y los intereses económicos de la minoría capitalista, sólo puede ser obra de soñadores, simpáticos en el mejor de los casos o peligrosos en el peor. No cabe duda de que es así cómo fueron considerados los que, antes de la toma de la Bastilla o del derrocamiento del último zar, querían acabar con la servidumbre, los privilegios feudales y la influencia de la religión, o los que, antes de la caída del Muro de Berlín, soñaban con suprimir el gulag y la dictadura del partido único. El “peligroso” Tomás Moro, recordémoslo, fue decapitado en 1535 por Enrique VIII.

Los socialistas son de esa clase de utopistas. Conscientes de que, en todo deseo de cambio, hay una parte de utopía, y convencidos de que el capitalismo no tiene por qué ser más “eterno” que el feudalismo o que las sociedades esclavistas antiguas, su utopía es el motor de su actividad, como fue el de los revolucionarios burgueses del siglo XVIII. Es la cristalización de su sueño en un futuro mejor que, así lo esperan, algún día se convertirá en realidad.

Pero, para que un día ese sueño se realice, para que el capitalismo deje de ser considerado como “el fin de la historia” y que el socialismo pierda su carácter utópico, dos condiciones son necesarias: 1° un desarrollo suficiente de las fuerzas de producción, que permita, en el momento del advenimiento de la nueva sociedad, no la repartición de la miseria sino la satisfacción de las necesidades de la población; 2° una clase social mayoritaria, consciente de su interés, enterada de su situación de subordinación a los intereses económicos y a las imposiciones de una minoría dominante y deseosa de acabar con ellas.

Evidentemente, la primera de esas condiciones está ya realizada. Los progresos gigantescos realizados por el capitalismo mismo, el uso de máquinas cada vez más eficientes, la “revolución” informática, etc. son algunas de tantas pruebas de que los medios están ahí para erradicar los problemas que, hace algunas décadas apenas, nos parecían aún insuperables. Así, el hambre en el tercer mundo o la escasez de viviendas en los países ricos, por ejemplo, no son las consecuencias de cualquier atraso técnico o el efecto de un supuesto excedente de población, sino la de la lógica del provecho, inherente al sistema capitalista. Los informes anuales de la Organización para la alimentación y la agricultura (OAA/FAO) de las Naciones Unidas nos recuerdan con regularidad que la producción alimenticia mundial actual es ya de sobras suficiente para satisfacer la demanda mundial. En realidad, el hambre es la consecuencia de la pobreza: millones de personas mueren de hambre cada año porque no tienen los medios de comprar una comida que, por otra parte, es destruida en los países ricos para mantener la tasa de beneficio de las empresas productoras.

Lo que impide la realización del socialismo es simplemente el hecho de que la segunda condición está sólo parcialmente cumplida. Los asalariados y sus familias forman bien la inmensa mayoría de la población. Son efectivamente ellos los que llevan a cabo todas las tareas necesarias al buen funcionamiento de la sociedad, fabricando, reparando, administrando, transportando y distribuyendo todos los bienes y servicios que necesitamos. Pero, permanentemente acondicionados desde su más tierna edad por la escuela, los medios de comunicación de masa, la familia, etc., viven con la idea que le mundo actual es “natural” y “perenne”.

Sin embargo, el día en que los trabajadores asalariados tomen conciencia de sus intereses comunes y de las posibilidades que se ofrecen a ellos si pusieran término a las divisiones artificiales y a la atomización que los debilitan (y fortalecen a sus amos), el día que comprendan la necesidad de abolir un sistema – el capitalismo – que, por definición, sólo puede funcionar en beneficio de los capitalistas, ese sistema perderá su carácter “eterno” y el socialismo su aspecto utópico.

A pesar del sinfín de problemas creados por el capitalismo, ese día aún no ha llegado. Pero el fracaso de todas las reformas intentadas para “humanizar” este sistema nos induce a pensar que el utopista no es el que, conciente de ese fracaso, desea instaurar un tipo de sociedad que aún no existe (el capitalismo, después de todo, no siempre ha existido), sino el que sueña con reformar, en el interés general, un sistema que, por su organización misma (apropiación por la minoría capitalista de los medios de existencia de la sociedad, producción de las riquezas sociales en el provecho exclusivo de esa minoría poseedora, defensa de esa propiedad por la ley y la fuerza del Estado), sólo puede funcionar en el interés de esa minoría.

El despotismo empresarial, el desempleo para unos, la precariedad y el chantaje al paro para otros, el estrés y la inseguridad en los países ricos, las guerras y el hambre en los demás no son males que se puedan resolver escogiendo a los dirigentes políticos “apropiados” o votando la ley “adecuada”. No hay gobiernos o leyes capaces de acabar con el paro, la pobreza, la desigualdad, la delincuencia, el hambre o la guerra, pues estos problemas existen desde que el capitalismo existe y nunca han encontrado solución, son males inherentes a este sistema.

Los socialistas parten de la observación de las taras de la sociedad actual, del análisis de sus características y de las causas de sus disfunciones para, conscientes de la imposibilidad práctica de terminar con ellos en el marco del sistema capitalista, proponer otro tipo de organización económica y social. Ese proyecto de sociedad no es una utopía en el sentido de que sería un modelo preconcebido o un puzzle en el que cada pieza tendría un lugar predeterminado. Esto sería contrario a la naturaleza democrática del socialismo. Ese proyecto es una utopía en la medida en que jamás ha existido (tanto como la democracia lo fue para los revolucionarios burgueses del siglo XVIII), pero es una utopía que deseamos establecer a partir de las posibilidades que nos ofrece la sociedad actual. Es un sueño que una minoría, por interés, y una mayoría, por ignorancia, nos impiden realizar… pero que un día, porque obramos contra esa ignorancia, pero sobre todo, porque esa utopía es la única solución a los problemas de la sociedad actual, todos juntos instauraremos.
































Socialismo en la Argentina: Juan B. Justo

1- Introducción:

En la obra de iniciación y organización del Partido Socialista ha puesto Justo mucho trabajo sin brillo, realizado casi en el anónimo trabajo.
La gran corriente inmigratoria y la transformación económica de la Argentina, crean las condiciones necesarias para la aparición y el desarrollo del movimiento socialista. Justo, ayudado por un reducido grupo de obreros extranjeros funda el periódico La Vanguardia.
En torno al pequeño periódico se agrupan, al principio, los componentes del Partido Obrero, que se transforma bien pronto en el Centro Socialista Obrero. En reducidos locales, Justo y sus colaboradores no desmayan en la empresa. Se afirma el periódico, crecen los grupos de adherentes y se consolida de continuo la obra de estos geniales precursores. En 1894 pasea la bandera roja por las calles céntricas de Buenos Aires en celebración de la fecha del 1º de mayo.
Nació en él profunda aversión por la política oligárquica.
Con la sencillez de los pobladores y de los constructores y la reflexiva audacia en el teórico de envergadura hace ejercicios espirituales de responsabilidad en la acción. Proyecta la huelga de los contribuyentes municipales hasta que se acuerde a la ciudad el gobierno propio y libre.
Preparada su mente y su corazón, en tensión el carácter, Justo alterna los momentos de recolección intelectual con los de actividad social y política. Sobre tales cimientos construye un movimiento complejo, político, cooperativo, mutualista, cultural, destinado a redimir progresivamente a la clase obrera y a propender al desarrollo de la civilización argentina.
Así elaboró el Maestro una doctrina argentina que “es de paz en el trabajo solidario, y de lucha contra todo lo que signifique opresión y despojo del hombre”.
Su amor al pueblo y su firme deseo de servirlo, permitieron a Justo realizar, en menos de 10 años, una verdadera obra de creación, que hoy todos podemos admirar en su magnifica solidez y en su indiscutida eficacia. En el breve periodo de una década, Justo fundó La Vanguardia, echó las bases y organizó el Partido Socialista, creó la Biblioteca Obrera, la grande y prospera institución alojada en la Casa del Pueblo; proveyó a la alta cultura del pueblo fundando la sociedad “Luz”, verdadera universidad popular por el espíritu y los métodos de su enseñanza; y, por ultimo, inicio a la clase trabajadora en las prácticas de la actividad económica libre fundando la Cooperativa “El Hogar Obrero”, organizada de acuerdo a sus planes y gobernada directamente por él durante sus cinco primeros años de vida.
Antes de entregarse por completo la tarea socialista, Justo había ocupado la cátedra y era considerado hábil cirujano. Justo introdujo y aclimato en nuestro país los procedimientos de la cirugía moderna que había aprendido en las clínicas de Berna y Viena.
Justo entrevió el gran porvenir del método osteoplástico en las operaciones del cráneo y lo aplico con éxito antes que ningún cirujano en el mundo. Esto le valió una medalla de oro, que fue empeñada o vendida para sacar de un apuro al periódico La Vanguardia.
Hizo sus primeras armas como cronista parlamentario de La Prensa, en 1883; fue llamado a colaborar en La Nación, en 1896, y aprovecho esta oportunidad para difundir algunas ideas fundamentales sobre naturalización de extranjeros, igualdad de razas, política obrera, libre cambio, socialismo, etc.; fundo en 1889, el Diario del Pueblo, órgano de tendencia democrática y liberal. También fundo LA Vanguardia, periódico y diario, que dirigió durante muchos periodos y en la cual colaboro por espacio de mas de treinta años.
Por medio de La Vanguardia Justo ha completado su obra de conferencista y publicista destinada a instruir, educar y orientar a su partido.
En 1900 el Partido Socialista se preparaba a darse un programa agrario, circunstancia que indujo a Justo a profundizar la cuestión recorriendo las chacras, las estancias y otros establecimientos agrícolas para informarse en detalle sobre los sistemas de arrendamiento, la técnica de la producción, las jornadas y salarios, la venta de los productos agrícolas, la habitación rural, las condiciones de los peones, las oportunidades escolares, las condiciones higiénicas del medio campesino y otras circunstancias.
Justo consiguió a los arrendatarios la opción de un contrato por cinco año, la indemnización de las mejoras introducidas en el campo arrendado, la libertad de trabajar y comerciar la producción y la inembargabilidad de ciertos números de implementos agrícolas, animales de trabajo, ropas y alimentos. Para completar su obra también proyecto Justo la actual ley nacional de cooperativas, que establece las normas legales para la actividad económica de agricultores y obreros.
Las cuestiones económicas estrictamente obreras no monopolizaron toda la atención del Maestro del Socialismo. Justo se interesó especialmente por los problemas de la instrucción popular, por el libre desarrollo mental de la juventud y por la renovación de los métodos de enseñanza y de los sistemas administrativos de las universidades.
En menos de un siglo de propaganda intenso y de lucha tenaz, el Socialismo abolió la explotación industrial del niño, dulcificó el trabajo de las mujeres, conquistó el derecho de agremiación, dictó normas higiénicas para la fabrica y talleres, limitó la jornada de trabajo, implantó la indemnización por accidente, creó los diversos seguros sociales, mejoró la habitación del pueblo, trabajó por la extensión y el mejoramiento de la escuela popular, difundió la cultura, luchó por los derechos y las libertades del pueblo y se preocupó también de dirigir la mirada hacia los ambientes rurales para contribuir a la solución de sus numerosos y urgente problemas. Y la obra del Socialismo no ha terminado aun.
1919: informe (junio) “execramos la violencia y la guerra, dijo allí el maestro Justo, pero creemos en la necesidad del esfuerzos difícil y doloroso. Necesitamos canalizar las energías humanas en un sentido constructivo si hemos de evitar que estallen en un sentido destructivo”. Propuso Justo que se diera a la paz bases estables y durables, facilitando el comercio, unificando las medidas, reduciendo los derechos de aduana, estableciendo una moneda internacional, proscribiendo la lucha de razas, abriendo ampliamente los mercados coloniales y dictando una carta internacional del trabajo.

2- Sus ideas económicas:

• Hay una magnifica conferencia –desgraciadamente poco divulgada – que es modelo de exposición didáctica. Pertenece al grupo de conferencias que pronunció en el año 1920.
La conferencia se titula El trabajo y fue publicada en ¨ La vanguardia ¨ el 10 de mayo de 1920.
En ella Justo destaca en primer termino el aspecto del trabajo, el técnico, el que se hace directamente con las manos o con herramientas o maquinarias, y que opera sobre lo inorgánico o lo orgánico para transformarlo a fin de satisfacer necesidades humanas. No excluye del análisis ninguna categoría de trabajo: tiene para la técnica destructiva su apreciación estimativa, trayendo el recuerdo de la importancia histórica del trabajo militar contra los indios y por la conquista del desierto. Se refiere especialmente al trabajo técnico superior, en razón del enorme error cometido por los dirigentes de la revolución rusa, por estrechez e insuficiencia de doctrina, al eliminar a los técnicos calificados de la industria y el comercio.
Se ocupa luego de la otra categoría de las actividades humanas: el trabajo económico, la organización de los hombres para los fines de la producción.
Por fin, se refiere a las actividades políticas, científica y literaria definiéndolas y ubicándolas en el esquema de los valores históricos que él traza en la conferencia.
Dentro del cuadro general, Justo insiste en perfilar la naturaleza del trabajo económico destacando su función especifica y el conocimiento que de ella deben poseer los socialistas para los fines de su acción, toda vez que se jactan de tener una doctrina general de la historia.
Sobre este particular debemos ver en los estudios de Justo una ampliación de la teoría histórica, desde que Marx no reconoció la importancia del factor económico, considerado por él algo así como una fuerza natural que se desarrolla gratuitamente.
Si se subestima la importancia de este factor, es porque hay una confusión muy grande en el empleo de la palabra ECONOMIA y, además, porque en la sociedad actual la función económica esta a cargo de los banqueros, patronos, dueños de la tierra, es decir, va adscripta al privilegio parasitario de que estos disfrutan, haciendo pensar erróneamente, a quienes no han profundizado el fenómeno, que el trabajo económico carece en absoluto de importancia. Si los trabajos técnicos en la producción de una mercancía se suceden según una serie perfectamente armonizada, y si la distribución de los productos a todas las regiones llegan oportunidad y tiempo para satisfacer las necesidades de los consumidores cuando ellas se manifiesten, no es porque cada cual en su trabajo técnico cumpla puntualmente y con esmero sus funciones, sino porque existe un trabajo de dirección y organización, que distribuye y ordena las infinitas variedades del trabajo técnico y que es, precisamente, la función económica.
• A Justo, del socialismo le interesa la acción, la actividad política voluntaria de los trabajadores en defensa de sus intereses materiales y morales, y por la realización de sus más elevados ideales.
No ve en el socialismo una promesa ni un teorema, como parecen ver muchos militares.
Aprecia por sobre todo el aspecto de lucha y acción, iluminada sin duda por la teoría y mantenidas por el ideal.
Puesto definir el socialismo, sintetiza en un párrafo los elementos esenciales de esa gran corriente histórica: la lucha inmediata y la finalidad remota. “El socialismo es la lucha en defensa y para la elevación del pueblo trabajador, que, guiado por la ciencia, tiende a realizar una libre e inteligente sociedad humana, basada sobre la propiedad colectiva de los medios de producción”.
Para muchos, el fin del socialismo consiste en conquistar los poderes públicos para imponer desde arriba un nuevo orden de cosas que respondan a las concepciones previamente elaboradas.
Justo señala las proyecciones del movimiento obrero y sus múltiples formas de acción y afirma, en consecuencia, que el socialismo es un proceso y una acción histórica mucho más compleja que la simple acción política de los trabajadores; “que la conquista de los poderes públicos es nuestro objeto como partido político, pero que al lado de ella, la clase de los productores asalariados debe mirar a otros fines inmediatos que están fuera del campo de la política. Y destaca el papel de gremialismo, y especialmente de la cooperación.
Por un lado su preparación científica, y por otro la teoría económica de la historia, que comprendía profundamente, como que contribuyó a aclararla, le evitaron caer en el error, común entre los militantes del movimiento obrero, de creer en la eficacia todopoderosa de la función política, y en el error de los sindicalistas, de ver en el gremio el único órgano de la acción económica de los trabajadores.
• Reconoce la enorme influencia de la política en la vida económica social, su función reguladora y coordinadora, pero con Spencer se curó del fetichismo autoritario y comprendió la relatividad de la ley.
• Según Justo, hay que capacitar al pueblo para la cooperación libre: “es hacer pasar a manos del pueblo entero esa función de dirección que hoy monopoliza la clase privilegiada propietaria”.
Exalta Justo las bondades de la cooperación, donde los hombres se educan económicamente, y asigna un papel esencial a la técnica superior.
Las ideas de los socialistas sobre la cooperación no son uniformes. Los belgas querían establecer vínculos orgánicos cada vez más estrechos entre las organizaciones políticas y económicas y, en general, la asamblea consideraba a la cooperación como una actividad secundaria que ayuda y complementa a la labor política. Lenin, proponía reconocer la eficacia de la acción cooperativa para después de la expropiación capitalista.
Justo reclamó un puesto preeminente para la cooperación, creyendo que “los trabajadores tienen por lo menos tanta necesidad de capacitarse para la acción económica como para hacer leyes y aplicarlas”.
Sugiere Justo: “ésta debe ser una nueva y grande afirmación de la Internacional Socialista: el movimiento obrero revolucionario necesita y debe incorporar al personal técnico superior y el personal administrativo a la clase trabajadora, tanto en el campo gremial como en el político. No ha de haber interrupción, sino acuerdo creciente y seguro en las relaciones de los trabajadores de todo grado y categoría. Las capacidades técnicas superiores y las capacidades económicas, indispensables para el mantenimiento de la vida social y mucho más para su progreso, no ha de buscarlas el proletariado, llegado el caso, en las filas enemigas. Ha de formarlas y desarrollarlas desde ya dentro de su propio campo de acción socialista, en: a) los servicios y la administración municipales; b) los servicios y la administración del estado; c) la cooperación libre, con sus establecimientos de producción cada vez más numerosos e importantes”.

CÓMO CONCEBÍA LA INTERNACIONAL POLÍTICA
DE LOS TRABAJADORES

Justo se intereso ante todo por la acción nacional del socialismo, por cuanto éste en sus orígenes es un movimiento casi instintivo de defensa de los trabajadores explotados por la clase capitalista.
Su acción y su inteligencia fueron puestas al servicio de los problemas nacionales que el partido obrero debía encarar.
De esa preocupación nació el partido socialista, el programa mínimo y la declaración de principios, el programa socialista del campo, la posición frente al problema monetario e impositivo.
Toda una vida entregada al estudio y a la lucha por mejorar las condiciones de vida del pueblo, y por desarrollar sana y vigorosa la planta socialista en Argentina.
Según Juan B. Justo “Las cuestiones propiamente económicas han sido en general las que han atraído menos la atención de las reuniones internacionales a que he asistido, y las tratadas con menos competencia, y esto es doblemente de sentir, hoy, cuando en varios importantes países los socialistas son el principal partido que gobierna”.
Considera que la internacional no ha afrontado problemas económicos fundamentales y ha descuidado el aspecto material y mensurable del internacionalismo.
Señala la falta de consecuencia entre la practica y la teoría pacifista, porque en tanto se declaraba que las guerras son consecuencia de la lucha de competencia en el mercado universal, no se aconsejaba medida practica alguna de carácter económico, no se fijaban normas de política aduanera, aunque se discutía mucho sobre la eficacia y posibilidad de la huelga general.
En el informe de junio de 1919, Justo destaca cuestiones de enorme importancia. Después de reconocer la trascendencia de la información contenida en la carta Internacional del Trabajo, de que “ni de derecho, ni de hecho, el trabajo de un ser humano debe ser asimilado a una mercancía o a un articulo de comercio”, señala el papel de la técnica superior y del trabajo económico, y sostiene que la Internacional debe propender a la organización de los hombres dedicados a la técnica superior.
Respecto a la propiedad, Justo considera que la Internacional debe referirse a tres cuestiones. Sobre la propiedad colectiva a que aspiramos los socialistas, y frente al hecho ruso, conviene afirmar que “la madurez política de la clase trabajadora consiste en poder modificar las relaciones de propiedad, por vía legislativa o gubernativa, elevando, al mismo tiempo, el nivel técnico-económico del país, o al menos sin deprimirlo”.
Debe disipar la Internacional otro equívoco, la confusión entre propiedad gremial y propiedad colectiva.
Y cree que la Internacional debe considerar el problema de la propiedad y de la renta del suelo, porque a él esta vinculado una gran realidad social, el problema agrario, que dificulta la labor de no pocos partidos socialistas del mundo.

Plan de acción internacional:

Los fundamentos al programa de acción socialista internacional constituyen una pieza de admirable solidez.
El plan se inicia con cinco puntos que afirman cada uno de por sí, y todos en conjunto el principio de la igualdad de las razas, principio importante cuando hay partidos obreros que alientan una política de raza que choca y desagrada a nuestros sentimientos.
El capítulo segundo establece el mínimo de protección legal para los trabajadores, sobre la base de la Carta Internacional del Trabajo aprobada por las conferencias sindicales de Berna y Amsterdam.
Fundamental es el capítulo destinado a las relaciones económicas de los pueblos. Impone en la base de la acción de la Internacional el postulado del libre cambio no bien comprendido por los socialistas.
“Execramos la violencia y la guerra, pero creemos en la necesidad del esfuerzo difícil y doloroso. Vemos en la guerra la explosión de energías humanas latentes y potenciales, acumuladas bajo la presión de instituciones bárbaras todavía no caducas. Necesitamos, pues, canalizar las energías humanas en un sentido constructivo si hemos de evitar que estallen en la dirección destructiva. Es por eso que vengo a insistir sobre el libre cambio en la constitución y el mantenimiento de la sociedad de los pueblos, punto de vista burgués, si se quiere, de la burguesía más progresista y esclarecida, sobre el cual hay que insistir ahora en los medios obreros”.
Finalmente, el programa destina el capítulo ultimo a la forma de las relaciones internaciones, es decir, a la parte puramente política y militar, que eran antes las cuestiones que ocupaban el primer puesto en las preocupaciones de los socialistas.

Lo que podemos ver y experimentar en la actualidad (Predecido por Justo)

En La Vanguardia, el 1º de Mayo de 1900, Justo escribe: “¿cómo es qué, salvo muy modestas excepciones, los partidos argentinos carecen de todo propósito económico conocido?”. El artículo se titula “la situación política del país” y en él responde a la formulada pregunta con estas advertencias señaladoras: “el progreso económico nos ha incorporado de lleno al mercado universal, del que somos una simple provincia. Esa división internacional del trabajo exige que hagamos inteligentemente nuestra propia gerencia si queremos conservar nuestra autonomía. Si atentos únicamente al lucro inmediato olvidamos que en las sociedades modernas cada hombre tiene un papel político que desempeñar, seremos una simple factoría europea, con una apariencia de independencia política hasta que quieran quitárnosla o alguna nación mas fuerte nos acuerde su humillante protección ”.

Frases importantes

“Seamos menos en la protesta que en la acción”.
“Amemos las ideas generales y ocupémonos de cosas pequeñas. Así es como conseguiremos hacer las grandes”.

































Reflexión personal sobre la Investigación realizada

Particularmente, opino que este trabajo ha sido, y lo es, muy interesante, no sólo a nivel teórico, sino también a nivel “práctico”.
Creo que lo que propone el Socialismo es muy bueno para la clase trabajadora, promoviendo la justicia y la equidad en la repartición de bienes económicos entre los seres humanos, y reclamando derechos que todo trabajador debe tener.
En muchos puntos coincido y coincidía desde antes por haber trabajado con un partido de bases socialistas anteriormente, pero hay algo en lo cual difiero totalmente, y es en el aspecto religioso, ya que sostienen determinadas ideas prejuicistas, ignorando rasgos eclesiásticos importantes y fundamentales para la vida en armonía, lo cual tendrían que replantearse.
Más allá de todo esto, soy más partidario del socialismo científico, por ser una “utopía” sostener que los “reyes” capitalistas aceptarán la repartición equitativa de bienes sin distinción de clases, estando ellos tan acostumbrados a vivir con todos los lujos y comodidades característicos de su clase; es “humanamente” imposible esta teoría del Socialismo Utópico.
Sostengo firmemente que se debe hacer algo para destruir los imperios capitalistas, como Estados Unidos actualmente, y reafirmar derechos y obligaciones para toda la humanidad, sin distinción de razas, para una sociedad más justa y segura, en la cual podamos vivir dignamente y en donde reine la felicidad y la paz sobre todas las cosas.
Pablo David Pinto

Bibliografía

1- Internet
a) ¡Error!Marcador no definido.
b) http://www.ccsi.com/calvo/historiadelsocialismo.htm
c) http://www.ateneo-socialista.org
d) http://www.psa.org.ar
e) http://www.Wikipedia.com
2- Libro “Historia: El Mundo Contemporáneo”, editorial Aique (Polimodal), año 2001.
3- Libro “Juan B. Justo”, editorial Americalee, de Dardo Cúneo, año 1943.
4- Libro “Actualidad de Juan B. Justo”, de Américo Ghioldi, (1º edición 1933, editorial “La Vanguardia”), año 1950.
5- Encarta 2005
6- Diccionario consultor de Economía, ediciones Delma, de Julio César de la Vega, año 1991.























Índice
Tema: Páginas:
Introducción al Socialismo.........................................................................................................(1-3)
1- Definición......................................................................................................................................1
2- Socialismo Utópico..................................................................................................................(1-2)
3- Socialismo Científico...............................................................................................................(2-3)
Historia del Socialismo.............................................................................................................(4-23)
1- Precursores del Pensamiento Socialista en el siglo XIX.........................................................(4-7)
2- La influencia de Hegel y el historicismo en la Economía........................................................(7-9)
3- Marx: la salvación por medio de la revolución......................................................................(9-17)
4- El socialismo después de Marx...........................................................................................(17-23)
Principios del Socialismo.......................................................................................................(24-27)
1- ¿Reforma... .......................................................................................................................(24-26)
2- ...o Revolución?..........................................................................................................................27
Utopía Socialista: ¿Proyecto realizable o sueño inaccesible?...........................................(28-30)
Socialismo en la Argentina: Juan B. Justo...........................................................................(31-35)
1- Introducción.........................................................................................................................(31-32)
2- Sus ideas económicas: Cómo concebía la internacional política de los trabajadores;
Plan de acción internacional; Lo que podemos ver y experimentar en la actualidad (predecido por Justo); Frases importantes................................................................................(32-35)
Reflexión “Personal” sobre la Investigación realizada...............................................................36
Recortes Periodísticos....................................................................................................................37
Bibliografía.......................................................................................................................................38
Índice................................................................................................................................................39

2 Comments:

Blogger Emma said...

Hola. Soy una estudiante de Español en Inglaterra. Tengo bastante problemas con mi articulos “Los Transportes ” Te puede aydame? Gracias, amigo.

12:53 PM  
Blogger Horacio Aldo Cingolani said...

La nota, (mucho más que nota) es relamente muy buena, bien escrita. sintética y bien comprensible.
El socialismo es posible entre personas que pueden tener ciertas pautas de comportamiento, que no son muy habituales en esta sociedad capitalista (la necesaria mentalidad socialista está detallada en muchas partes). Una empresa socialista debería ser bastante más eficiente que una capitalista, puesto que el esfuerzo de todos por hacer las cosas bien, es muy aceptado dentro de la gente que tiene esas características personales. Por lo tanto, el trabajo, como las iniciativas para mejorar los procedimientos de una empresa socialista serían mejores. Pensemos dos países exactamenteigual, las mismas calles y fábricas, todo, todo exactamente igual, una de administración socialista y otro capitalista. No solamente que el reparto es mejor en el socialista sino que se produce más y la generalidad goza de mayores bienes. Eso puede suceder y VA a suceder si la mentalidad de la gente alcanza esas metas sociales. Pero esa mentalidad no se obtiene en unos meses, ni años, ni en unas generaciones como parece indicar la experiencia. La solución es que la gente que YA tiene buena mentalidad social se junte a hacer empresas socialistas y de esa forma van a mostrar superioridad frente a ls capitalistas (cooperativas por ejemplo). Me parece que cualquier otro camino como la toma del poder no es genuino y no va a dar reultados por el simple hecho que mientras impere la vieja mentalidad se pudre todo, como ya se vió en las experiencias. Estoy leyendo blogs de otros ciudadanos argentinos que proponen ideas para mejorar a nuestro querido país, no importa la ideología. Esto ya nos une. Me satisface que seamos muchísimos. Este blog (es uno de los muchos BLOGARS) lo encuentro constructivo y pongo lo mío a tu voluntad: http://www.blogger.com/profile/33378315 ) Formemos una red de blogar -istas y comentaristas por el bien de Argentina. Fomentemos un gran futuro. Comentemos lo de todos, conserje@hotmail.com.

10:37 AM  

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