Una mirada a la historia de la economia

Monday, November 13, 2006

NEOLIBERALISMO

Año 2006
Instituto Cristo Rey – J.C. Paz
Alumnos:
 Acosta Gisele
 Ladner Melisa
 Lemos Ricardo

Curso:
 3° A, Economía

Instituto:
 Cristo Rey

Profesora:
 Silvana Di Benedetto


Introducción:

. Una aproximación conceptual al neoliberalismo:

El neoliberalismo, tal como se entiende en América Latina, es una concepción radical del capitalismo que tiende a absolutizar el mercado hasta convertirlo en el medio, el m&eacu te;todo y el fin de todo comportamiento humano inteligente y racional. Según esta concepción están subordinados al mercado la vida de las personas, el comportamiento de las sociedades y la política de los gobiernos. Este mercado absoluto no acepta regulación en ningún campo. Es libre, sin restricciones financieras, laborales, tecnológicas o administrativas.

Esta manera de pensar y de actuar tiende a hacer una totalidad ideológica de la teoría económica de algunos de los economistas más brillantes del capitalismo moderno, que crearon el pensamiento neoclásico. Pensadores que no pretendieron reducir el comportamiento del hombre y de las sociedades a los elementos que ellos plantearon para explicar una parte de las relaciones y de la vida compleja de las personas y las comunidades.

Por tanto el neoliberalismo no es igual a la economía que reconoce la importancia del mercado de todos los bienes y servicios sin absolutizarlo, ni es igual a la democracia liberal. Oponerse al neoliberalismo no significa estar en contra de la utilización eficiente de los recursos de que dispone la sociedad, no significa delimitar la libertad individual, no significa apoyar el socialismo de Estado. Oponerse al neoliberalismo significa más bien afirmar que no hay instituciones absolutas para explicar o para conducir la historia humana. Que el hombre y la mujer son irreductibles al mercado, al Estado o a cualquier otro poder o institución que quiera imponerse como totalizante. Significa proteger la libertad humana afirmando que sólo Dios es absoluto y que su mandamiento es el amor que socialmente se expresa en justicia y solidaridad. Y significa denunciar las ideologías totalitarias, porque cuando éstas se han impuesto, el resultado ha sido la injusticia, la exclusión y la violencia.

Las políticas neoliberales:

El neoliberalismo se manifiesta en sus políticas de ajuste y apertura que, con diversas connotaciones se aplican en los países latinoamericanos. Estas ponen el crecimiento económico -y no la plenitud de todos los hombres y mujeres en armonía con la creación- como razón de ser de la economía. Restringen la intervención del Estado hasta despojarlo de la responsabilidad de garantizar los bienes mínimos que se merece todo ciudadano por ser persona. Eliminan los programas generales de creación de oportunidades para todos y los sustituyen por apoyos ocasionales a grupos focalizados. Privatizan empresas con el criterio de que la administración privada es mejor en último término para todos. Abren sin restricciones las fronteras para mercancías, capitales y flujos financieros y dejan sin suficiente protección a los productores más pequeños y débiles. Hacen silencio sobre el problema de la deuda externa cuyo pago obliga a recortar drásticamente la inversión social. Subordinan la complejidad de la hacienda pública al ajuste de las variables macroeconómicas: presupuesto fiscal equilibrado, reducción de la inflación y balanza de pagos estable; pretendiendo que de allí se sigue todo bien común en el largo plazo, y sin atender los nuevos problemas de la población que emergen de estos ajustes y que tienen que ser atendidos simultáneamente por una política de Estado. Insisten en que estos ajustes producirán un crecimiento que, cuando sea voluminoso, elevará los niveles de ingreso y resolverá por rebalse la situación de los desfavorecidos. Para incentivar la inversión privada, eliminan los obstáculos que podrían imponer las legislaciones que protegen a los obreros. Liberan de impuestos y de las obligaciones con el medio ambiente a grupos poderosos, y los protegen para acelerar el proceso de industrialización, y así provocan una concentración todavía mayor de la riqueza y el poder económico.

Estas medidas de ajuste han tenido aportes positivos, como la contribución de los mecanismos de mercado para elevar la oferta de bienes de mejor calidad y precios, la reducción de la inflación en todo el continente, el quitar a los Gobiernos tareas que no les competen para darles oportunidad de dedicarse, si quieren, al bien común, la conciencia generalizada de austeridad fiscal que lleva a utilizar mejor los recursos públicos, y el avance de las relaciones comerciales entre nuestras naciones.


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Pero estos elementos están lejos de compensar los inmensos desequilibrios y perturbaciones que causa el neoliberalismo en términos de multiplicación de masas urbanas sin trabajo o que subsisten en empleos inestables y poco productivos , quiebras de miles de pequeñas y medianas empresas; destrucción y desplazamiento forzado de poblaciones indígenas y campesinas; expansión del narcotráfico basado en sectores rurales cuyos productos tradicionales quedan fuera de la competencia; desaparición de la seguridad alimentaría; aumento de la criminalidad empujada no pocas veces por el hambre; desestabilización de las economías nacionales por los flujos libres de la especulación internacional; desajustes en comunidades locales por proyectos de multinacionales que prescinden de los pobladores.

La mala distribución de la riqueza y del ingreso:

La inequidad económica o desigualdad social no permite a casi la mitad de los habitantes de Latinoamérica y el Caribe, alcanzar las condiciones materiales necesarias para vivir con dignidad y alcanzar el ejercicio efectivo de sus derechos.
El neoliberalismo, hoy día, al oponerse a la intervención redistributiva del Estado, perpetúa la desigualdad socioeconómica tradicional y la acrecienta. El neoliberalismo introduce el criterio de que solamente el mercado posee la virtud de asignar eficientemente los recursos y fijar a los diversos actores sociales los niveles de ingresos. Se abandonan así los esfuerzos por alcanzar la justicia social mendicante una estructura progresiva de impuestos y una asignación del gasto público que privilegie a los más desfavorecidos; y se dejan de lado intentos por la democratización de la propiedad accionaria o la reforma agraria integral.

La precariedad del capital social:

Se entiende por capital social el acumulado de la riqueza humana, natural, de infraestructura y de instituciones que tiene una sociedad. Capital social es por tanto la cultura, el conocimiento, la educación, los recursos naturales, las vías y comunicaciones, que ofrece una nación a sus habitantes. Este capital se configura paulatinamente, con aquellas inversiones privadas y estatales que elevan las potencialidades y la creatividad de todos los hombres y mujeres de un pueblo. El capital social se fundamenta sobre todo en la participación de la sociedad civil y del Estado en la expansión de las oportunidades.

Al mirar el capital social en nuestros países se encuentra que la oferta educativa es escasa y de baja calidad para más de la mitad de los pobladores de América Latina y el Caribe. La inversión en ciencia y tecnología es marginal en la gran mayoría de los presupuestos. Las condiciones de salud son malas. Hay un inmenso vacío de infraestructura de vías para las zonas de economía campesina, y de infraestructura para las mayorías de los hogares pobres urbanos o rurales. Avanza la destrucción de la riqueza natural y, al ponerse en marcha procesos de descentralización administrativa en todos los países, se evidencia una gran fragilidad en las instituciones locales, particularmente en los pueblos pobres.

Podría decirse que desde siempre los pobres en América Latina han vivido este vacío de capital social, pero esta falla se ha agravado con las políticas neoliberales, por la retirada del Estado en favor de la iniciativa privada, por la disminución del gasto público; por el abandono del apoyo al patrimonio natural y cultural, y a las organizaciones de la gente.

El neoliberalismo y la crisis social general:

Es muy importante reflexionar sobre las relaciones entre el neoliberalismo y la crisis general de nuestras sociedades, porque percibimos que, al lado de la persistencia de la pobreza y crecimiento de la desigualdad, viejos problemas de nuestras sociedades, que emergen de raíces premodernas y modernas, toman nueva fuerza. Estamos peligrosamente empujados por una cultura que radicaliza la ambición por poseer, acumular y consumir, y que sustituye la realización de todas las personas en comunidades participativas y solidarias por el éxito individual en los mercados.






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En efecto, en todo el continente se percibe un rompimiento general de las sociedades que tiene múltiples causas y aparece en la inestabilidad de las familias, las múltiples y crecientes formas de violencia, la discriminación contra la mujer, la destrucción del medio ambiente, la manipulación de los individuos por los medios de comunicación, hostigamiento al campesinado y las comunidades indígenas, el crecimiento de ciudades inhóspitas, la pérdida de legitimidad de los partidos políticos, la corrupción de los dirigentes, la privatización del Estado por grupos con poder económico, la pérdida de gobernabilidad del aparato estatal, la penetración de consumos alienantes como la droga y la pornografía, la complejidad de procesos de secularización y de búsquedas espirituales que prescinden del compromiso comunitario y de la práctica de la solidaridad.

El neoliberalismo exacerba esta crisis al llevar a la desaparición del bien común como objetivo central de la política y la economía. El bien común es sustituido por la búsqueda de equilibrio de las fuerzas del mercado. Contrariamente al pensamiento social de la Iglesia que considera que debe haber tanto Estado cuanto lo requiera el bien común, el neoliberalismo plantea escuetamente que lo mejor es tener menos Estado, tanto cuanto se requiera para el buen funcionamiento macroeconómico y para el impulso de los negocios privados.

En este contexto, desaparece como horizonte la preocupación por la calidad de vida general de la población de hoy y de mañana, que antes se expresó en los llamados Estados de bienestar. Al desaparecer el objetivo del bien de todos, desaparece el sentido del hogar común o público.

Por eso no se necesita cuidar de la familia como núcleo y célula de un bien común que ya no importa. La mujer pasa a ser simplemente fuerza de trabajo más barata. La naturaleza se convierte en una fuente de enriquecimiento para las generaciones presentes, el campesino un ciudadano ineficiente, que tiene que emigrar. En este horizonte donde lo público tiende a desaparecer, los partidos políticos como propuesta de construcción de sociedad y de nación pierden razón de ser. La competencia política y administrativa se reduce a demostrar que el candidato o el presidente es el más capaz para crear las condiciones exigidas por el juego abierto y libre de los mercados. Unos y otros subordinados a programas de ajuste y apertura, impuestos por las mismas necesidades internacionales de los mercados. No es de extrañar que, en este contexto, donde la comunidad es irrelevante y el bien común inútil, la violencia se acreciente, la producción y el consumo de droga se disparen, y se refuercen los elementos más contrarios a la realización humana contenidos en la cultura actual, mientras se dejan de lado los aportes más valiosos de la modernidad y la posmodernidad.

Búsqueda de alternativas económicas viables:

Una de las responsabilidades más urgentes es pasar del análisis crítico a las propuestas. Por eso tenemos que presentar alternativas viables de un desarrollo human o y sostenible, orientado por el bien común, y que garantice la realización de todos nuestros hermanos y hermanas, presentes y futuros, en armonía con la naturaleza.

En términos muy generales éstos son algunos de los temas que deben someterse al estudio:

Los bienes que todos merecen:

• Nuestra atención debe ponerse ante todo en procurar que el Estado y la sociedad aseguren a todos los bienes que las personas se merecen por ser tales, hijos e hijas de Dios. Bienes que deben garantizarse como derechos ciudadanos básicos, independientemente de si las familias son o no capaces de comprar estos elementos indispensables en los mercados. Tales bienes son la salud, la educación, la seguridad, el hogar y la vivienda. Estos son realmente bienes públicos. No buscamos la sociedad del bienestar dedicada a satisfacer las demandas insaciables de ciudadanos consumidores. Queremos una sociedad justa, donde cada persona tenga lo esencial para que pueda vivir en dignidad.





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La política industrial:

• En el marco económico neoliberal el desarrollo tiene como motor la industria exportadora, sin embargo, aunque esta ha crecido, no es el motor del resto de la economía porque no está vinculada suficientemente a los demás sectores y depende altamente de importaciones. Hay que encontrar caminos de una producción manufacturera y agroindustrial diversificada, que apoye a la mediana y pequeña empresa y no solamente a la grande, que satisfaga las necesidades básicas de la población, fortalezca el acumulado tecnológico de la sociedad, promueva la equidad y el crecimiento sostenible.

La política laboral:

• Las dinámicas económicas vigentes tienden a competir internacionalmente bajando los costos laborales y pagando malos salarios. Es necesario impulsar estrategias justas que lleven a una inserción competitiva en los mercados basada en la calificación de las personas y la expansión de su creatividad, y el cambio de la concepción de la empresa en una verdadera comunidad de trabajo (CA. 32). Y hay que colocarse en un horizonte de superación del desempleo y e l subempleo (SRS.18).































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“La libre empresa”

Los norteamericanos creen que el auge de su nación como una de las principales productoras de bienes manufacturados, alimentos y servicios no podía haber ocurrido en ningún otro sistema excepto el capitalismo. Creen que la libertad económica de dicho sistema, “libre empresa”, hizo de Estados Unidos una gran potencia económica. Aunque no son ciegos a los problemas del capitalismo, sostienen que el sistema económico norteamericano ha creado, o tiene el potencial para crear, una vida mejor para casi todos los habitantes del país.

La historia del crecimiento económico de Estados Unidos es una historia de gente que inventa artefactos y procesos, que inicia negocios nuevos y se lanza a empresas originales. Para estos esfuerzos se necesitó dinero. Conocido como capital.
Samuel Slater no hubiera podido abrir esa primera e importante fábrica textil si no hubiera habido gente dispuesta a aportar el dinero para comprar la tierra y construir la fábrica. Slater y esos capitalistas no hubieran actuado si no hubieran creído que podían lucrar con sus inversiones. Porque querían una ganancia para ellos mismos y la oportunidad de establecer más fábricas posteriormente, iniciaron toda una industria norteamericana nueva. Esta industria ayudó a los cultivadores de algodón a acrecentar el mercado para su producto. Asimismo puso a trabajar a un número mayor de barcos norteamericanos en el comercio internacional.

La historia de las grandes compañías norteamericanas no difiere mucho de la de la fábrica de Slater. Las empresas fueron iniciadas por individuos con dinero prestado por otros. Después compartieron las utilidades obtenidas con estos inversionistas. Cuando quisieron ampliar sus negocios de nuevo pidieron dinero prestado.

Muy pronto los norteamericanos se dieron cuenta que podían ganar dinero prestándolo a aquellos que querían iniciar o ampliar un negocio. Eso condujo a la creación de una parte importante del escenario económico actual: la venta de valores o acciones en una empresa. Esta práctica se inició en Europa siglos antes de la Guerra de Independencia, pero se vio enormemente incrementada en el vigoroso clima de mercado libre de la joven nación norteamericana. Para invertir, los individuos no tienen que tener mucho dinero; pueden comprar sólo una porción pequeña de una empresa, llamada acción. El negocio de la compra y venta de acciones en las empresas ha alcanzado tal dimensión que han tenido que establecerse oficinas donde pueda tener lugar la venta de estas acciones. Estos sitios, ubicados en muchas ciudades de Estados Unidos y de todo el mundo, se llaman bolsas de valores. La más conocida tal vez sea La Bolsa de Valores de Nueva York, situada en el área de Wall Street en la urbe más grande del país y centro comercial de primer orden. Salvo los fines de semana y los días feriados, en las bolsas de valores la actividad de compra y venta de acciones es constante. En general las acciones individuales tienen un precio bajo, y mucha gente las compra para obtener una ganancia.

Cuando las personas compran acciones pasan a ser propietarias parciales de la compañía. Si ésta obtiene una ganancia reciben parte de ella. Del mismo modo, si la compañía pierde dinero, los accionistas no obtendrán ganancia alguna, o el valor de sus acciones bajará. Si eso sucede, pierden dinero. Por tal razón, la compra de valores es un riesgo. Es importante conocer el mundo de los negocios si se desea obtener alguna ganancia en el mercado de valores. No todas las empresas venden valores. Las pequeñas por lo general no lo hacen. Sus utilidades son compartidas por aquellos que invirtieron su dinero en el negocio cuando éste comenzó. Es probable que incluso una persona que quiera iniciar un negocio pequeño; un taller, por ejemplo, tenga que pedir dinero prestado. Ese dinero puede obtenerse de amigos o parientes, o puede pedirse prestado a un banco si éste está dispuesto a arriesgarse con ese negocio.

Adam Smith reconocería fácilmente estos elementos de la empresa privada norteamericana, pero hay otros aspectos que le resultarían desconocidos. Muchos problemas acompañaron al desarrollo del capitalismo industrial norteamericano moderno durante el siglo XIX. La inmigración y el rápido crecimiento de las ciudades norteamericanas trajeron como resultado una gran población urbana en busca de un medio de vida. Los dueños de las fábricas frecuentemente explotaron esta situación pagando salarios bajos por jornadas largas, ofreciendo condiciones de trabajo peligrosas e insalubres, y contratando a los hijos de familias pobres. Había discriminación en la contratación: a los negros norteamericanos y a los miembros de algunos grupos de inmigrantes se les negaba el trabajo o se les obligaba a laborar en condiciones aún más desfavorables que las del trabajador promedio. Bajo la doctrina del laissez faire los empresarios también aprovecharon la falta de supervisión gubernamental para enriquecerse formando monopolios, eliminando la competencia, fijando precios altos para los bienes, y
produciendo mercancía de baja calidad.
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La reforma:

Se impusieron controles más estrictos a la fabricación y venta de alimentos, fármacos y cosméticos.
Las leyes y reglamentos, y muchas otras iniciativas sociales aprobadas desde los años 30, han trasformado al capitalismo norteamericano de "una potranca salvaje a una provista de freno y silla", como lo describiera un escritor. Nada de lo que puede comprarse hoy en Estados Unidos está exento de algún tipo de reglamentación por parte del gobierno. Los fabricantes de alimentos deben especificar el contenido de cada lata, caja o frasco. Casi todos los alimentos frescos son inspeccionados en algún momento por un funcionario del gobierno. Ningún fármaco puede venderse hasta que ha sido sometido a pruebas extensas y después aprobado por una agencia federal. Muchos tipos de negocios deben pasar inspecciones de sanidad y seguridad por trabajadores del gobierno, y los automóviles deben construirse de acuerdo con ciertas normas de seguridad. Los precios de los productos deben indicarse con claridad, y la publicidad debe ser veraz. Estas son sólo algunas de las muchas maneras en que el gobierno protege ahora la salud, la seguridad, y el dinero de los consumidores. Las leyes también prohíben la discriminación en la contratación, el empleo de niños pequeños, establecen normas sobre las condiciones de trabajo y protegen los derechos de los sindicatos independientes a organizarse, negociar e ir pacíficamente a la huelga.

Los empresarios creen que la reglamentación del gobierno es excesiva. Dicen que algunas reglas que deben acatar son innecesarias y costosas. Llenar formas pare satisfacer las reglas del gobierno cuesta dinero, lo cual infla los precios que deben cobrar. Por otra parte, algunos norteamericanos creen que sin reglamentos estrictos por lo menos algunas empresas engañarían o perjudicarían a los trabajadores y consumidores a fin de incrementar sus utilidades.

Ingresos, crédito y banca:

Estados Unidos ha sido descrito como una sociedad opulenta, y aunque algunos norteamericanos son pobres, la generalización es exacta. El ingreso medio de las familias en 1993 fue de aproximadamente US $31.200. Al jubilarse, la mayoría de los trabajadores recibe pagos de seguro social más otras remuneraciones de planes privados de pensiones, además de los beneficios de sus ahorros personales. Sin embargo, el 12,2% de la población vivía por debajo del nivel de pobreza establecido por el gobierno federal, que en 1993 era un ingreso de menos de US $14.763 para una familia de cuatro miembros.

Desde La Segunda Guerra Mundial, los norteamericanos han incrementado la práctica de comprar bienes y servicios a crédito. Las compras importantes, como casas, autos y aparatos eléctricos, se pagan a plazos mensuales. Muchos norteamericanos también tienen tarjetas de crédito que les permiten comprar desde ropa hasta pasajes de avión a crédito, y pagar después de un tiempo conforme a una sola cuenta enviada por la compañía acreedora, que generalmente es un banco. Normalmente, el tiempo concedido para pagar es de un mes. Después se cobran intereses.

En 1994 Estados Unidos tenía cerca de 11.060 bancos con más de 70.000 oficinas, de las cuales casi 41.000 pertenecían al sistema operado por La Junta De La Reserva Federal. A través de sus bancos asociados, La Reserva Federal emite dinero, actúa como banco de liquidación financiera y establece las reservas de efectivo que los bancos deben mantener. Al aumentar y reducir estos requerimientos de reservas, y al cambiar la tasa de interés para préstamos a los bancos de los 12 bancos regionales de La Reserva Federal, La Junta De La Reserva Federal puede regular la oferta de dinero y por ende tratar de controlar la tasa de inflación de la economía.

Los ahorros individuales por lo general se depositan en cuentas que pagan interés en varios tipos de instituciones bancarias, en asociaciones de ahorro y préstamo, y en cooperativas de crédito creadas por grupos de empleados. Los norteamericanos también tienen la opción de colocar parte de su dinero en títulos de ahorro y certificados de tesorería emitidos por el gobierno federal, o en sociedades inversionistas privadas que invierten el dinero en el mercado de valores.

Casi todos los bancos privados y las instituciones de ahorro cuentan con un seguro proporcionado por el gobierno federal para proteger las cuentas de ahorro individuales hasta por US $100.000. La mayor parte del dinero depositado en las cuentas de ahorro es usado por los bancos para financiar la compra o construcción de casas y edificios.


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“La Economía de Estados Unidos”



Es prácticamente imposible hacer generalizaciones sobre la extensa área del tercer mundo. Las décadas de crisis afectaron aquellas regiones de manera muy diferentes, por ejemplo: Corea Del Sur, donde desde 1970 hasta 1985 el porcentaje de la población que poseía un televisor pasó de un 6.4% a un 99.1%; Perú, donde más de la mitad de la población estaba por debajo del umbral de la pobreza,-más que en 1970-y donde el consumo per cápita estaba cayendo. Las tensiones que se producían en un subcontinente como la India eran las propias de una economía en crecimiento y de una sociedad en transformación. Las que sufrían zonas como Somalía, Angola y Liberia eran las propias de unos países en disolución dentro de un continente sobre cuyo futuro pocos se sentían optimistas.
La única generalización que podía hacerse con seguridad era la de que, desde 1970, casi todos los países de esta categoría se habían endeudado profundamente. En 1990 se los podía clasificar, desde los tres gigante de la deuda internacional (Entre 60 mil y 110 mil millones de dólares), que eran Brasil, México y Argentina, pasando por los otros 28 que debían más de 10 mil millones cada uno, hasta los que solo debían de 1000 o 2 mil millones. El banco mundial calculó que solo 7 de las 96 economías de rentas “baja” y “media” que asesoraba tenían deudas externas sustancialmente inferiores a los mil millones de dólares-Países como Lesotho y Chad-, y que incluso en estos las deudas eran varias veces superiores a lo que habían sido 20 años antes. En 1970 sólo 12 países tenían una deuda superior a los mil millones de dólares, y ningún país superaba los 10 mil millones. En términos mas realistas, en 1980 6 países tenían una deuda igual o mayor q su PNB; en 1990 24 países debían más de lo que producían incluyendo- si tomamos la región como un conjunto- toda el África Subsahariana no resulta sorprendente que los países relativamente más endeudados se encuentren en África (Mozambique, Tanzania, Somalia, Zambia, Congo, Costa de Marfil), algunos de ellos asolados por la guerra, otros, por la caída del precio de sus exportaciones. Sin embargo los países que debían soportar una carga mayor para la atención de sus grandes deudas-es decir, aquellos que debían emplear para ellos una cuarta parte o más del total de sus exportaciones-que estaban mal repartidos. En realidad el ÄfricaSubsahariana estaba por debajo de esta cifra, bastante mejor en este aspecto que el sureste Asiático, América Latina y el Caribe, y Oriente Medio.
Era muy improbable que ninguna de estas deudas acabase saldándose, pero mientras los bancos siguiesen cobrando intereses por ellas-un promedio del 9.6 % en 1982-.A comienzos de los 80 se produjo un momento de pánico cuando, empezando por México, los países Latinoamericanos con mayor deuda no pudieron seguir pagando, y el sistema bancario occidental estuvo al borde del colapso, puesto que en 1970 (cuando los petrodólares fluían sin cesar a la busca de inversiones) algunos de los bancos más importantes habían prestado su dinero con tal descuido que ahora se encontraban técnicamente en quiebra. Por fortuna para los países ricos, los tres gigantes latinoamericanos de la deuda no se pusieron de acuerdo para actuar conjuntamente, hicieron arreglos separados para renegociar las deudas, y los bancos, apoyados por los gobiernos y las agencias internacionales, dispusieron de tiempo para amortizar gradualmente sus activos perdidos y mantener su solvencia técnica. La crisis de la deuda persistió, pero ya no era potencialmente fatal. Este fue probablemente el momento más peligroso para la economía capitalista mundial desde 1929.
Mientras las deudas de los estado pobres aumentaban, no lo hacían sus activos, reales o potenciales. En las décadas de crisis la economía capitalista mundial, que juzga exclusivamente en función del beneficio real o potencial, decidió “cancelar” una gran parte del tercer mundo. De las 22 “economías de renta baja”, 19 no recibieron ninguna inversión extranjera. De hecho, solo se produjeron inversiones considerables (de más de 500 millones de dólares) en 14 de los casi 100 países de rentas bajas y media fuera de Europa, y grandes inversiones (de 1000 millones de dólares en adelante) en tan solo 8 países, 4 de los cuales en el este y el sureste asiático (China, Tailandia, Malasia e Indonesia), y 3 en América Latina (Argentina, México y Brasil).

La economía mundial transnacional, crecientemente integrada, no se olvidó totalmente de las zonas proscriptas. Las más pequeñas y pintorescas de ellas tenían un potencial como paraísos turísticos y como refugios extraterritoriales offshore del control gubernamental, y el descubrimiento de recursos aprovechables en territorios poco interesantes hasta el momento podría cambiar su situación. Sin embargo, una gran parte del mundo iba quedando, en conjunto, descolgada de la economía mundial. Tras el colapso del bloque soviético, parecía que esta iba a ser también la suerte de la zona comprendida entre Trieste y Vlasdivostok. En 1990 los únicos estados ex socialistas de la Europa oriental que atrajeron alguna inversión extranjera neta fueron Polonia y Checoslovaquia. Dentro de la enorme área de la antigua Unión Soviética había distritos o repúblicas ricas en recursos que atrajeron grandes inversiones, y zonas que fueron abandonadas a sus propias y míseras posibilidades. De una forma u otra, gran parte de lo que había sido el “segundo mundo” iba asimilándose a la situación del tercero.
El principal efecto de las décadas de crisis fue el de ensanchar la brecha entre los países ricos y los países pobres. Entre 1960 y 1987 el PBI real de los países del África Subsahariana descendió, pasando de ser un 14% del de los países industrializados al 8 %; el de los países “menos desarrollados” ( que incluía países africanos y no africanos) descendió del 9 al 5 %. En la medida en que la economía transnacional consolidaba su dominio mundial iba minando una grande y desde 1945 prácticamente universal, institución: el estado-nación, puesto que tales estados no podían controlar más que una parte cada vez menor de sus asuntos. Organizaciones cuyo campo de acción se circunscribía el ámbito de las fronteras territoriales, como los sindicatos, los parlamentos y los sistemas nacionales de radiodifusión, perdieron terreno, en la misma medida en que lo ganaban otras organizaciones que no tenían estas limitaciones, como las empresas multinacionales, el mercado monetario internacional y los medios de comunicación global de la hera de los satélites.
La desaparición de las superpotencias, que podían controlar en cierta medida a sus satélites, vino a reforzar esta tendencia. Incluso la más insustituible de las funciones que los estados-nación habían desarrollado en el transcurso del siglo, la de redistribuir la renta entre sus poblaciones mediante las transferencias de los servicios educativos, de salud y de bienestar, además de otras asignaciones de recursos, no podía mantenerse ya dentro de los límites territoriales en teoría, aunque en la practica lo hiciese, excepto donde las entidades supranacionales como la Comunidad o Unión Europea las complementaban en algunos aspectos. Durante el apogeo de los teólogos del mercado libre, el estado se vio minado también por la tendencia a desmantelar actividades hasta entonces realizadas por organismos públicos, dejándoselas “al mercado”
Este debilitamiento del estado-nación se añadió una tendencia a dividir los antiguos estados territoriales en lo que pretendían ser otros más pequeños, la mayoría de ellos en respuesta a la demanda por algún grupo de un monopolio étnico-lingüístico. Al comienzo, el ascenso de tales movimientos autonomistas y separatistas sobre todo después de 1970, fue un fenómeno fundamentalmente occidental que pudo observarse en Gran Bretaña, España, Canadá, Bélgica e incluso en Suiza y Dinamarca; pero también desde principios de los 70, en el menos centralizado de los estados socialistas, Yugoslavia, la crisis del consumismo la extendió por el Este, donde después de 1991 se formaron más nuevos estados, nominalmente nacionales, que en cualquier otra época durante el siglo xx. Hasta los años 90 este fenómeno no afectó prácticamente al hemisferio occidental al sur de la frontera canadiense. En las zonas en que durante los años 80 y 90 se produjo el desmoronamiento y desintegración de los estados, como en Afganistán y en partes de Áfricas, la alternativa al antiguo estado no fue su partición sino la anarquía.


“Libre Mercado”

Con el pretexto de las políticas económicas de “libre mercado”, las corporaciones multinacionales han llegado a tener mas poder que los gobiernos. Se han aprobado leyes que favorecen a las corporaciones: menos regulación, menos compromisos con lugares específicos y restricciones para que el gobierno no impida que los beneficios económicos se alejen de las pequeñas empresas locales, trabajadores, consumidores y el medio ambiente. La globalización comercial se proclama beneficiosa por que hace que los beneficios se distribuyan hacia abajo pero en realidad sigue canalizando la riqueza hacia los de arriba, convirtiendo a los ricos en más ricos, a los pobres en más pobres y reduciendo las clases medias.
En 1970, la producción del petróleo en EEUU alcanzó su nivel máximo. EEUU empezó a depender de los recursos petrolíferos extranjeros, y siguió intensificando su adicción al petróleo que continúa hasta hoy. Fue también la década en las que los productores petroleros de Oriente Próximo empezaron a mostrar su fuerza. La OPEC se sirvió del petróleo como un arma para responder a la guerra árabe-israelí de 1973, imponiendo el embargo a EEUU. El embargo terminó en 1974, pero el aviso fue tenido en cuenta.
En 1978, llegó el segundo golpe del petróleo con el embargo del crudo iraní que redujo el abastecimiento en un 5 %, aumentó los precios del petróleo en un 150%, disparó la inflación y los índices de interés en EEUU y llevó a un rápido crecimientos de la deuda en los países en desarrollo. Carter amenazó con la fuerza militar para proteger el acceso al petróleo y pidió al Banco Mundial que encontrara más petróleo: en 1981 el Banco Mundial tenía 28 proyectos petrolíferos en marcha. El presidente Reagan se sirvió del Banco Mundial con otros fines: obligando a otros países a cambiar sus leyes para que las corporaciones estadounidenses pudieran tener acceso directo y controlar el petróleo.
Desde 1982 a 1984, Reagan aumentó los proyectos petrolíferos del Banco Mundial a más de 55. Además, llevó adelante ferozmente la teoría del chorreo hacia abajo-en el interior y en el exterior-que se basaba en que al enriquecer a los ricos, en teoría, los beneficios repercutían en todos. Pero la realidad fue la contraria. Juhasz señala que en los 13 años anteriores a la época Reagan (1967-1980) la diferencia de ingresos se había ido reduciendo y la gente más pobre en EEUU había aumentado su participación en la renta nacional en un 6.5%. La violenta redistribución de la riqueza que benefició a los más ricos, llevada a cabo por Reagan, cambió esa tendencia y desde 1980 a 1990 las estadísticas indican que los estadounidenses más pobres perdieron más de 10% de la tarta de la renta mientras los más ricos ganaban casi el 20%.
Reagan y Bush padre aumentaron espectacularmente el comercio con Irak. Ambos conocían las atrocidades contra los derechos humanos de Sadam Huseín, y que Irak se encontraba en la lista estadounidense del terrorismo por suministraron dinero, armas y productos comerciales a Irak. Incluso permitieron a las corporaciones estadounidenses que proporcionaran materias primas para la fabricación de armas de destrucción masiva. En marzo de 1982, Reagan borró a Irak de la lista de países terroristas para impulsar el comercio. En 1981, prácticamente no existía comercio con Irak pero en 1989 el comercio anual llegó a los 3600 millones de dólares y se esperaba que esta cifra se duplicara en 1990, antes de que Irak invadiera Kuwait. Cuando Sadam Huseín rechazó los intentos estadounidense de construir un oleoducto, se cambió la estrategia por la de prescindir de Sadam Huseín. Lo primero provocó la guerra del Golfo (de 1991), pero tras ella se fracasó en alcanzar el segundo objetivo.
El proyecto para el expolio económico del Oriente Próximo.
El proyecto inicial para apoderarse de Irak se gestó en 1992, año final del Gobierno de Bush padre. El plan directo de la defensa (DGP, en sus siglas inglesas) describe la estrategia global militar de EEUU y recoge las opiniones del Presidente y del Secretario de Defensa. Fue elaborado por Dick Cheney, Paul Wolfowitz, Salami Jalizad, Scooter Libby, Eric Edelman y Colin Powell, seis hombres que prestaron servicios en los gobiernos de Bush, padre e hijo, y que en su mayoría trabajaron también para el de Reagan.
El DGP fue redactado tras el éxito de la guerra del golfo de 1991 y el fracaso en echar a Sadam Huseín del poder, dos años después de la caída del Muro de Berlín y de la emergencia de EEUU como única superpotencia. El documento, basado en la mencionada doctrina Carter, y en vigencia durante la era Clinton, establece claramente el plan: el objetivo de estados unidos en Oriente Próximo es “continuar siendo la potencia dominante extranjera en la región y garantizar el acceso al petróleo de la zona para EEUU y occidente”. El documento describe un programa militar agresivo, unilateral y preventivo que incluye coaliciones de países circunstanciales en lugar de trabajar por medio de organizaciones como Naciones Unidas.
Muchos de los que formaban aquel grupo se reunieron en 1997 para elaborar el Proyet for the new American Century (PNAC, en sus siglas inglesas), el proyecto para nuevo siglo americano.
Este proyecto afirmó el apoyo al DGP y a la consecución del predominio militar estadounidense en el mundo. Sus autores reconocían la importancia del dominio económico absoluto como complemento del militar. Proponían un aumento anual del gasto militar entre 15 mil y 20 mil millones de dólares.
Prestaban especial atención a conseguir las condiciones de actuar de forma preventiva en Oriente Próximo, afirmando que “EEUU ha buscado durante décadas jugar un papel más permanente en la seguridad regional del golfo”. Describían a S. Huseín como “justificación inmediata” para que hubiera una “ fuerza estadounidense importante” en O.P (Oriente Próximo). En enero de 1998 los autores del PNAC escribieron al presidente Clinton presionándole para que derrocara a S. Huseín y advirtieron que Huseín era una amenaza para “ una parte significativa del suministro de petróleo mundial”.
Otro grupo principal fue el comité para la Liberación de Irak. El grupo fue creado en 2002 por Robert Jackson, ejecutivo de la Lockheed Martín, y redactor del programa de relaciones exteriores de Partido Republicano en el año 2000. Constituyó el Comité mientras trabajaba en la Lockheed y defendió apasionadamente el derrocamiento de Huseín. El presidente del Comité era el ex secretario de estado y ejecutivo de Bechtel, Jorge Schultz, quién publicó una columna en el Washington Post en 2002 exigiendo que EEUU “actuara ya en Irak. El peligro es inminente y Huseín debe ser derrocado”. En el artículo argumentaba vigorosamente al favor de un ataque inmediato basado en las armas de destrucción masiva y en las mentiras de Huseín sobre el terrorismo. Decía lo siguiente: “Si en su patio hay una serpiente de cascabel no tiene que esperar a que le ataque para auto defenderse”. Schultz echó leña al fuego del medio al afirmar que “el peligro es que se pueden producir decenas o centenares de miles de muertos en un atentado con armas químicas, biológicas o nucleares”. Tras la ocupación L. Martín consiguió un aumento de ventas de más de 11 mil millones de dólares y de contratos entre ellos uno de 5.6 millones para trabajar con las fuerzas aéreas en Irak, Bechtel obtuvo cerca de 3 mil millones en contratos para la reconstrucción de Irak.
Los defensores del dominio militar también se movieron en otras esferas. P. Wolfowitz abandonó la administración de Clinton. Y se marchó a la Johns Hopkinc School of Advanced International Studies, desde donde empezó a patrocinar la segunda Guerra del Golfo, que en esta ocasión incluía la caída de Huseín. Zalmay Jalilzad, actual embajador estadounidense en Irak, fue a la Rand Corporation, creó el Center for Middle eastern studies y trabajó como consejero a sueldo de la Unocal Oil
Corporation ( comprada por Chevron en 2005) desde donde públicamente defendió unas relaciones más estrechas con los Taliban para lo construcción de un gasoducto de 890 millas para el traslado del gas natural ya que “los talibanes no siguen la línea fundamentalista anti-estadounidense que practica Irán”.
Bush hijo combinó la globalización militar y la corporativa en lo que Juhasz denomina “un arma poderosa del imperio”. Ella subraya que el unilateralismo de Bush se hizo evidente antes del 11-S, con la retirada del tratado para la Prohibición de Misiles anti-balisticos, con la oposición al tratado para lo prohibición absoluta de pruebas nucleares, con el rechazo al tribunal penal internacional y los protocolos sobre armas biológicas y tóxicas. En lugar de un nuevo DGP, Bush hizo publica una estrategia de seguridad nacional en la que se aprovechaba la posición de EEUU como única superpotencia como excusa para el incremento del gasto militar estadounidense con el objetivo de disuadir a otros de desafiar su dominio. Asimismo, Bush llevó adelante el principio de que EEUU “ no dudará en actuar solo, si es necesario, para ejercer nuestro derecho a la autodefensa mediante actuaciones preventivas”. Las corporaciones estadounidenses en Irak.
Una vez que George W Bush se convirtió en presidente, llegaron al poder quienes habían planeado y defendido el ataque contra Irak para derrocar a Huseín. Dick Cheney mantuvo reuniones amparadas en su Energy Task Forse con corporaciones como Halliburton, Bechtel y Chevron. En Abril de 2001 se publicó en los medios un borrador de las recomendaciones de la Task Forse. La primera recomendación sobre el reforzamiento de las alianzas mundiales incluían un gráfico con las exportaciones de petróleo Irakí a EEUU en el año 2000 y establecía que uno de los objetivos era “convertir en prioridad de nuestro comercio y política exterior la seguridad energética”. El segundo objetivo era “apoyar las iniciativas de los proveedores de OP para abrir sus sectores energéticos a la inversión extrajera”. En 1998 el Presidente de Chevron decía: “Irak tiene enormes reservas de petróleo y gas y me gustaría que Chevron tuviera acceso a ellas”.
Comenzaron entonces a sonar los bien conocidos tambores de guerra contra Irak y tras el éxito de la invasión, comenzó el expodio económico. El primer zar de Irak, Jay Garner, dirigió la Oficina la reconstrucción y Ayuda Humanitaria. Era partidario de pasar la responsabilidad a los Irakíes lo antes posible y celebrar elecciones rápidamente. Garner fue cesado por RUMSFELD la misma noche de su llegada a Irak, a su juicio, la causa de su cese fueron esas opiniones. Fue reemplazado por Paul Bremer y por la Autoridad Provisional de la Coalición.
Bremer estuvo en el poder desde el 6 de Mayo de 2003 al 28 de Junio de 2004 (fecha en la que se disuelve la autoridad provisional de la Coalición).
Antes de la invasión, Bearing Point recibió un contrato de 250 millones de dólares de la Agencia de Cooperación estadounidense para elaborar un proyecto para la transformación de la economía Irakí en una “economía de mercado”, favorable a los intereses empresariales estadounidenses. El trabajo de Bremer fue el de llevar a cabo el plan de Bearing Point. Juhasz subraya que, mientras no pudo haber habido un plan militar adecuado, si hubo un plan para la toma y transformación de la economía de Irak.
Bremer tenía autoridad para promulgar leyes mediante la publicación de “ instrucciones obligatorias y directivas”. Promulgó 100 decretos, de lo que Juhasz, en una entrevista de 2005, describe algunos de los más importantes:
“Decreto n°39 que permite: 1.La privatización de 200 empresas estatales; 2. La propiedad al 100% de empresas Irakíes; 3.”Trato Nacional"”Lo que significa no dar preferencia a las empresas locales frente a las extranjeras; 4. La transferencia libre de impuestos y sin restricciones de todos los beneficios y otros fondos; 5. Licencias de propiedad por 40 años"
“De esta forma impedía que los Irakíes tuvieran preferencia en las reconstrucción mientras permitía a las corporaciones extranjeras-Halliburton y Bechtel, por ejemplo comprar empresas Irakíes, realizar todo el trabajo y transferir todo el dinero a casa. No se les exigía contratar a Irakíes o reinvertir su dinero en la economía Irakí”.






La Nueva Hegemonía de Estados Unidos


Estados Unidos a partir de la década de los sesenta del siglo XX, enfrentó una gran competencia. Primero de Europa y posteriormente de Japón. La competencia agudizó el ciclo económico a nivel mundial y se reiniciaron las crisis económicas mundiales. El inicio mas evidente de las crisis fue la de los años 1974-1975. La economía de Estados Unidos empieza a crecer muy lentamente comparado con el auge de post Segunda Guerra Mundial. El crecimiento lento y las crisis cíclicas exigían la ampliación de las exportaciones y de las inversiones de Estados Unidos hacia otros países y regiones. Estos son los fundamentos económicos principales del proceso que posteriormente ha sido designado como globalización de la economía mundial.
Estados Unidos promueve en el exterior como parte de la globalización, la libre circulación de las mercancías y de los capitales, apoyado teóricamente en el neoliberalismo, y posteriormente perfeccionado en lo que se ha conocido como el Consenso de Washington. En lo medular dicho Consenso se sintetiza en: la propiedad privada, Estado subsidiario y mercados libres a nivel nacional e internacional para las mercancías y para los capitales.
Estados Unidos, a la vez que promueve la liberalización en exterior, internamente continúa con niveles significativos de proteccionismo y de regulación. En relación a las importaciones establece regulaciones diferenciadas a través de sistemas especiales que contemplan, entre otros, aranceles, cuotas, prohibiciones y otros mecanismos. En relación a las exportaciones, promueve grandes subsidios, particularmente subsidios al sector agrícola.
La combinación del libre comercio en el exterior, del proteccionismo interior y del control del dólar como dinero mundial, significó para Estados Unidos el mejor de los mundos posibles, situación similar a la de Inglaterra a inicios del siglo XIX.
La globalización de la economía mundial, promovida por los Estados Unidos ha posibilitado la reestructuración de su economía y la reconquista de la hegemonía que compartía con Europa y con Japón en la década de los ochenta. Esta hegemonía compartida en los ochenta por Estados Unidos, por Europa y por Japón, fue sintetizada y conocida como “ La Tríada”.
La reconquista de la hegemonía económica en la economía mundial por Estados Unidos, es el fundamento de la hegemonía política expresada en la Nueva Política de Seguridad Nacional. La Nueva Política de Seguridad Nacional se basa en la potencia económica de Estados Unidos y no en su debilidad.
En el artículo de Monthly Review “Las Ambiciones Imperiales de Estados Unidos en Irak”, se señala que la nueva estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos (New York Times, 20 de septiembre del 2002), establece tres principios claves de la política estratégica estadounidense: Primero. Asegurar permanentemente el indisputado dominio global de Estados Unidos, de modo que a ninguna nación le será permitido rivalizar o amenazar a los Estados Unidos.
Segundo. La disposición permanente de Estados Unidos para desarrollar en forma rápida ataques militares preventivos contra Estados o fuerzas en cualquier parte del globo que sean considerados una amenaza a la seguridad de los Estados Unidos, a sus fuerzas e instalaciones en el exterior, o a sus amigos o aliados.
Tercero. La inmunidad de ciudadanos norteamericanos frente a procesos en los Tribunales Criminales Internacionales.
En el texto que estamos citando, se agrega lo siguiente: “Al comentar esta nueva Estrategia de Seguridad Nacional, el Senador Edward M Kennedy, declaró que: ‘la doctrina de la Administración es un llamado al imperialismo norteamericano en el siglo XXI que ninguna otra nación podría o debería aceptar’ (7 de octubre del 2002). La reestructuración de la economía de Estados Unidos, como hemos dicho, es producto de la globalización y surge como respuesta a las crisis cíclicas. Estados Unidos reestructura toda su economía con fuerte apoyo del Estado. A mediados de los ochenta, los principales sectores de la economía estadounidense y la propia economía de los Estados Unidos se caracterizaba como una economía decadente, que estaba siendo desplazada por Europa, y especialmente por Japón y el sudeste asiático. La reconquista de la hegemonía que ha llevado a Estados Unidos a transformarse en la única potencia económica, política y militar mundial, como proceso con gran apoyo estatal es parecido a la carrera espacial con la Unión Soviética en la época del Presidente Kennedy.
El dinamismo económico está íntimamente relacionado con las ganancias. Con la globalización de la economía mundial y la combinación del libre cambio y el proteccionismo, unido a la flexibilidad laboral, forjó en Estados Unidos un cambio cualitativo que se expresó en el paso de un período de ganancias y tasa de ganancia baja, a un período de altas ganancias y alta tasa de ganancia.
En las décadas del setenta y hasta mediados de los ochenta, las ganancias globales estaban prácticamente estancadas. A partir de mediados de los ochenta, las ganancias y la tasa de ganancia empiezan a aumentar. El aumento es aún mayor en la década de los noventa.
En condiciones de tasas de ganancia elevadas, las crisis cíclicas en cierta medida son atenuadas. Así ha sucedido en las crisis de la década de los noventa. En la crisis de inicios de esta década, a pesar de la fuerte disminución de las ganancias de las empresas en Estados Unidos, la crisis cíclica no fue tan profunda. La recuperación y posterior dinamismo de la economía estadounidense, ha estado apoyada en un gran incremento de las ganancias globales, especialmente a partir de 2003.
Las ganancias que son enviadas a Estados Unidos por las empresas estadounidenses en el mundo han crecido en forma extraordinaria. Su ritmo de crecimiento es mucho más acelerado que el de las ganancias globales en Estados Unidos.
Las ganancias de las empresas se han visto favorecidas por una disminución de los intereses netos pagados por las empresas productoras de bienes y servicios a las instituciones financieras y por una fuerte disminución de los impuestos sobre las ganancias.
La otra categoría clave en la reestructuración de la economía estadounidense tiene relación con las grandes modificaciones en el proceso de acumulación de capital. Las inversiones globales en la economía de los Estados Unidos eran bajas en los setenta y en parte de los ochenta. A partir de mediados de los ochenta se inicia un aumento de las inversiones, y en los noventa las inversiones muestran un crecimiento exponencial.
Crecen todas las inversiones. Pero las inversiones privadas tienen un crecimiento mayor que la inversión pública. Al interior de las inversiones privadas crecen muchísimo más las inversiones de las empresas que la inversión residencial. Al interior de las empresas, crecen mucho más las inversiones en maquinaria y equipo, frente a un crecimiento pequeño en las inversiones en nuevos edificios e instalaciones de las empresas. Al interior de las inversiones en maquinaria y equipo, las que más crecen son las de alta tecnología.
El gran crecimiento de las inversiones se acompaña de un hecho de gran impacto histórico: las maquinarias y equipos de alta tecnología han tenido una gran disminución de precios.
En la economía de los Estados Unidos, en las mismas estructuras físicas de las empresas se reemplaza la maquinaria antigua por maquinaria y equipo de alta tecnología, de mayor productividad y de precios bastante menores. Esta es la síntesis de la revolución tecnológica que le ha permitido a Estados Unidos la reconquista en sectores y ramas económicos que anteriormente aparecían como decadentes y que actualmente se encuentran nuevamente a la vanguardia en la economía mundial, con empresas en Estados Unidos y en el exterior.
La reconquista de la hegemonía que ha llevado a Estados Unidos a transformarse en la única potencia económica, política y militar a nivel mundial, empieza a ser disputada por el gran desarrollo de China, que analizaremos en la segunda parte de esta serie.
* Estas notas se han basado en el artículo “Estados Unidos y China: ¿Locomotoras en la recuperación y en las crisis cíclicas de la economía mundial?”, presentado en agosto del 2004 en el Seminario del Grupo de Trabajo de CLACSO ‘Globalización, Economía Mundial y Economías Nacionales, Universidad Autónoma de Puebla, México.
Orlando Caputo Leiva es Economista de la Universidad de Chile. Investigador del CETES y del Grupo ‘Globalizacion, Economía Mundial y Economías Nacionales’ de CLACSO y de la Red de Economía Mundial, REDEM.








Carta de arrepentimiento: Cambios que puede tener una persona cuando adquiere un gran poder. “Ganancias de pocos, pobrezas de muchos”

Michael Sondow:

John Perkins, ciudadano estadounidense, era un respetado miembro de la comunidad financiera internacional, pero en realidad se dedicaba a operaciones económicas ilícitas en el Tercer Mundo para el gobierno de Estados Unidos.
Acaba de publicarse en Estados Unidos la autobiografía (2) en la que John Perkins detalla cómo ayudó a Washington a estafar a países pobres prestándoles dinero que no podrían devolver para después apoderarse de sus economías. En una reciente entrevista (3) con Amy Goodman, locutora del programa Democracy Now (La democracia ahora) del National Public Radio en Estados Unidos, Perkins confiesa lo que todos sospechan pero nadie ha querido creer. Lo que sigue fue extractado de esa extensa entrevista.

 Explíquenos qué quiere decir sicario económico.

Básicamente, lo que nos enseñaron a hacer es reforzar el imperio estadounidense. Crear situaciones donde el máximo número de recursos naturales fluyan a este país, a nuestras corporaciones y nuestro gobierno, y en efecto hemos tenido mucho éxito. Construimos el imperio más grande de la historia. Esto se logró durante los últimos cincuenta años, desde la Segunda Guerra Mundial, con muy poca intervención militar. Es sólo en casos como Irak donde lo militar entra como último recurso. Este imperio, a diferencia de cualquier otro de la historia, fue constituido principalmente a través de la manipulación económica, de la estafa, el fraude, la seducción de la gente por nuestra manera de vivir, y a través de operativos económicos. Estuve muy involucrado en todo eso.

 ¿Cómo llegó a eso? ¿Para quién trabajaba?

Inicialmente fui reclutado, cuando estudiaba negocios en la universidad en los años sesenta, por la National Security Agency (Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos), la organización nacional de espionaje más grande y menos conocida, pero luego trabajé para corporaciones privadas. El primer verdadero sicario económico en los años cincuenta fue Kermit Roosevelt, nieto de Teddy, quien derrocó al gobierno de Irán, un gobierno elegido democráticamente –el gobierno de Mossadegh-, y quien fuera el “hombre del año” de la revista Time. Y tuvo enorme éxito haciendo eso sin derramar sangre, bueno, hubo algo de sangre pero ninguna intervención militar, sólo gastando millones de dólares y reemplazando a Mossadegh por el sha. Entonces nos dimos cuenta de que esta idea del sicario económico era muy buena. El problema fue que Kermit Roosevelt era agente de la CIA. Era un empleado del gobierno. Si lo hubiesen atrapado, nos habríamos encontrado en un lío. Habría sido un escándalo. Entonces allí se tomó la decisión de usar organizaciones como la CIA y la NSA para reclutar potenciales sicarios económicos como yo, y después enviarnos a trabajar para empresas privadas, consultorías, de ingeniería, de construcción para que, si nos agarraban, no hubiera conexión con el gobierno.

 Bien, ahora explíquenos el trabajo que hizo.

La compañía para la cual trabajé se llamaba Charles T Main, de Boston, Massachussets. Éramos alrededor de dos mil empleados y yo era el economista principal. Terminé teniendo cincuenta personas en mi equipo. Pero mi verdadero trabajo fue el de hacer tratos, dar préstamos a otros países, enormes préstamos, mucho mayores de la que ellos podrían devolver. Una de las condiciones de un préstamo, digamos de unos mil millones de dólares, a un país como Indonesia o Ecuador, era que este país tendría que dar 90 por ciento del préstamo a una empresa estadounidense para construir infraestructura, una Halliburton o Bechtel. Eran grandes. Esas empresas entonces entraron y construyeron un sistema de energía eléctrica o puertos o autopistas, y estos proyectos básicamente servían sólo a algunas de las familias más ricas de esos países. La gente pobre de aquellos países quedaba clavada con esta asombrosa deuda que no podrían devolver. Un país como Ecuador hoy debe destinar más del 50 por ciento de su presupuesto nacional sólo para pagar la deuda. Y no puede hacerlo. Lo tenemos con el agua al cuello. Entonces, cuando queremos más petróleo, vamos a Ecuador y le decimos: "Mire, no puede pagar sus deudas, pues entregue sus bosques amazónicos, que están llenos de petróleo, a nuestras compañías petroleras". Y hoy estamos entrando y destrozando la Amazonia, obligando a Ecuador a entregárnosla porque acumuló tanta deuda. Hacemos un préstamo enorme, la mayor parte del cual vuelve a Estados Unidos, el país queda con la duda más los intereses, y básicamente ellos se convierten en nuestros sirvientes, nuestros esclavos. Es el imperio. No hay que equivocarse. Es un inmenso imperio, y ha sido muy exitoso.

 Usted dice que a causa de sobornos y otras razones no escribió este libro durante mucho tiempo ¿Qué quiere decir? ¿Quién lo sobornó? ¿Qué sobornos aceptó?


Acepté un soborno de medio millón de dólares en los años noventa para no escribir el libro.

 ¿De?

De una empresa importante de la construcción.

 ¿Cuál?

Se llama Stoner Webster. Legalmente, no fue un soborno, fue... me pagaron como consultor. Todo de acuerdo con la ley. Pero esencialmente no hice nada. Estaba entendido, como expliqué en “Confesiones de una sicario económico”, que cuando acepté el dinero como consultor no tendría que hacer mucho trabajo, sólo no escribir este libro, que en ese momento se llamaba "La conciencia de un sicario económico".

 En su libro usted habla de cómo ayudó a poner en práctica un plan secreto para redirigir miles de millones de petrodólares de Arabia Saudita a la economía de Estados Unidos, y que cimentó la íntima relación entre la familia Saud y sucesivos gobiernos de Estados Unidos. Explique.

Fuimos a Arabia Saudita a principios de los años setenta. Sabíamos que Arabia Saudita era la clave para acabar con nuestra dependencia de la OPEP, o para controlar la situación. Arreglamos un trato a través del cual la familia real Saud aceptó reenviar la mayor parte de sus petrodólares a Estados Unidos e invertirlos en bonos del Tesoro. El Departamento del Tesoro usaría los intereses de esos bonos para pagar a empresas estadounidenses que construirían en Arabia Saudita -ciudades, nueva infraestructura-; cosa que hemos hecho. Y la familia Saud aceptó mantener el precio del petróleo dentro de los límites aceptables para nosotros, lo que hicieron todos estos años, y nosotros prometimos mantener a la familia Saud en el poder mientras respetaran el trato, cosa que también hemos hecho, y es una de las razones por las cuales invadimos Irak. Allí, intentamos implantar la misma política que tuvo tanto éxito en Arabia Saudita, pero Saddam Hussein no aceptó. Cuando los sicarios económicos fracasamos en este escenario, viene la próxima etapa que es la que llamamos de los chacales. Los chacales son individuos habilitados por la CIA que entran e intentan fomentar un golpe de Estado o una revolución. Si eso no da resultado emplean asesinatos, o lo intentan. En el caso de Irak, no pudieron llegar a Saddam Hussein. Sus guardaespaldas eran demasiado buenos. Él tenía dobles. No pudimos llegar a él. Entonces la tercera etapa, si los sicarios económicos y los chacales fracasan, son nuestros jóvenes, que enviamos para matar y morir. Que es obviamente lo que ha pasado en Irak.-

 ¿Puede explicarnos cómo murió Torrijos?

Omar Torrijos, el presidente de Panamá. Omar Torrijos había firmado el Tratado del Canal con Carter... y usted sabe que nuestro Congreso lo ratificó por un solo voto, fue un asunto muy contencioso. Torrijos entonces se adelantó a negociar con los japoneses para construir un canal al nivel del mar. Los japoneses querían financiar y construir un canal al nivel del mar en Panamá. Torrijos habló con ellos de este tema, lo que molestó mucho a la empresa Bechtel, cuyo presidente era George Schutz y su consejero mayor Caspar Weinberger. Cuando echaron a Carter (y ésa es una historia interesante; ver cómo sucedió realmente), cuando perdió las elecciones y entró Reagan con Schutz como secretario de Estado -que venía de Bechtel- y Weinberger -que vino también de Bechtel- como secretario de Defensa, estaban muy enojados con Torrijos. Intentaron convencerlo de renegociar el Tratado del Canal y no hablar con los japoneses. Se negó rotundamente. Era un hombre de principios. Tenía sus problemas, pero era un hombre correcto. Un hombre asombroso, Torrijos. Entonces murió en la caída de un avión en llamas, conectado a una grabadora con explosivos dentro, que... yo estaba allí, estaba trabajando con él. Sabía que nosotros, los sicarios económicos, habíamos fracasado. Sabía que los chacales se acercaban. Y acto seguido, explotó su avión con una grabadora conteniendo una bomba. No cabe duda de que fue organizado por la CIA y muchos investigadores estadounidenses llegaron a la misma conclusión. Por supuesto, nunca nos enteramos de eso en nuestro país.

 ¿Con qué proximidad trabajó usted con el Banco Mundial?

Muy, muy de cerca. El Banco Mundial proporciona la mayor parte del dinero que financia a los sicarios económicos, él y el FMI. Pero cuando ocurrió el 11 de septiembre, tuve un cambio de sentimientos. Sabía que tenía que contar esta historia porque lo que pasó el 11 de septiembre es el resultado directo de lo que están haciendo los sicarios económicos. Y la única manera en que vamos a estar seguros otra vez en este país, y en que vamos a sentirnos bien de nosotros mismos, es si usamos estos sistemas que creamos para efectuar cambios positivos en el mundo. Creo sinceramente que podemos hacer eso. Creo que el Banco Mundial y otras instituciones pueden ser recreadas para cumplir su misión original, que es la reconstrucción de las partes del mundo devastadas. Ayudar, genuinamente ayudar a los pobres. Cada día mueren 24 mil personas de hambre. Podemos cambiar eso.

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